
Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura de la UNERMB
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Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura de la UNERMB
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LA TEORÍA SOBRE LAS FORMACIONES NACIONALES Y SUS LÍMITES PARA LA
INTERPRETACIÓN DE LA HISTORIA LATINOAMERICANA
hasta la fecha se ha implementado en la mayor parte del planeta como espe-
cie de programa universal.
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Esto explica, en parte, la marcada tendencia a hablar más de la supuesta
crisis del estado-nación que de las alternativas concretas para sustituirlo u
optimizarlo,
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pues bajo ninguna experiencia (ni capitalista ni socialista) se
han superado los términos conceptuales y funcionales impuestos por la mo-
dernidad hace más de doscientos años, los cuales continúan predominando
en la forma de concebir políticamente el desarrollo del “plebiscito diario”
que –a decir de Ernest Renán– constituye la construcción y desarrollo de la
nación.
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Tanto las teorías que abordan las Historias Nacionales como aquellas
que tratan el entramado de las ideas y el pensamiento losóco y político,
a la hora de constituirse, reinterpretares y evolucionar hacia planos superio-
res, apelan, entonces, a categorizar e identicar indiscriminadamente aspec-
tos como identidad nacional, cultura nacional, nacionalidad y nacionalis-
mo, entre otros, bajo una percepción estricta de la “comunidad imaginada”
descrita por Benedict Anderson.
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Esto ha sucedido con la mayoría de los
tratados escritos en los países del hemisferio occidental.
En América Latina y el Caribe tales elementos resultan de suma impor-
tancia, pues se trata, precisamente, de la región donde más se especula en
1. Instancias como Comisión, Presidente, Parlamento, Congreso, Derechos Civiles, Repú-
blica, Partido, Ciudadanos, la propia Soberanía, entre otros tantos, son muestra el de esta
importación categorial como única alternativa de organización en los estados burgueses, e
incluso de los países socialistas, o en proyectos supranacionales tan disímiles como la Unión
Europea, el Alba y otros de diferentes tendencias y rasgos, toda vez que no existe una prácti-
ca política históricamente transcurrida que avale la ecacia de otra nomenclatura institucional
en la era moderna. Ver, al respecto, Raúl M. Lombana: Hacia una Nueva Teoría de las Forma-
ciones Nacionales; en: Cuba: Nación y Nacionalidad. Colección Crisol, Bayamo, 2011; p. 2.
2. Entiéndase como estado-nación (moderno) a aquella “comunidad imaginada que represen-
ta un conglomerado de individuos con tradiciones históricas en común, las cuales determinan
su noción de convergencia a partir de vínculos socioculturales concretos (étnicos, religiosos,
educativos, literarios, técnicos, artísticos, costumbristas, etc.), asociada siempre a un marco
territorial especíco (habitado o no directamente), que halla su institucionalización político-
jurídica en el estado-nación típico de la modernidad”. Ob. Cit.; p. 13.
3. La construcción nacional, en este sentido, supone que “distintos sujetos sociales participan
en la imaginación y socialización de un mito: en este caso la nación”. Ver en: Pablo A. Riaño
San Marl: Pensando la Nación en el Interregno: Cuba, 1899-1902; en: María del P. Díaz
Castañón (Coord.): Perles de la Nación. Tomo 1, Ciencias Sociales, La Habana, 2005; p. 48.
4. Benedict Anderson: Comunidades Imaginadas. Cambridge University Pres, 1998; p. 22.