Perspectivas. Revista de historia, geografía, arte y cultura de la UNERMB
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SOBRE LA MISMA TELA
Horizontes mágicos
Mercedes Rey, Caraqueña de nacimiento, Cabimera de corazón, aventu-
ró en las artes hasta abordar un caballete al aire libre que la llevaría a otro
periplo: recorrer las imágenes de tanto puerto y crear una costa de navega-
ción por la pintura, para meterse en corrientes profundas sobre la plataforma
continental del americanismo. Con pinceladas sueltas y exactas compone
atmósferas peninsulares, en cuyas imprecisas manchas se ve insertado el
dibujo que retrata la gran sensación de lo que hay de sereno, en el arrebato
cromático y en el ímpetu creador.
Autodidacta, con una trayectoria bastante extensa de naturalismo, de
nativismo, extendiéndose su identidad a esa espiritualidad de formas tran-
sidas de calor en esas fronteras del color más puro que, por su tonalidad,
lo distancia de las manifestaciones populares. Sin más itmos que los de
su propia búsqueda de simbolismos. Sorprendente en las variadas expo-
siciones individuales y participaciones colectivas, dentro de la diversidad
de tendencias populares, de vanguardias plásticas de la Costa Oriental del
Lago de Maracaibo.
Surcando rumbos Wayúu, viajan los efectos llenos de colores horizonta-
les de Rey. Imprimiendo tensiones verticales de ancestralidad a una línea de
expresión en el fondo de la forma. El sentir autónomo de una pintura abso-
luta en tanta gama de ocres y amarillos climáticos. Muchas veces imagina-
do en ese acento de plenitud que pone n a la travesía de lo representativo,
cuando Mercedes, en un énfasis estilístico, delimita los campos pictóricos
de la “etnia de la gente”.
Ecos de miradas
Hablar de naturalismo sería absurdo. Son concretas estas miradas, desde
el momento que en lo que ellas se ventilan es etnopintura. Retratos nativos,
entendiéndose la expresión, como una visión sensible de cosmogónica que
aparece en el espíritu de los lugares. En todo caso, las referencias naturales
de Mercedes Rey abarcan toda la guajira, una geografía teñida de cierta
evocación y nostalgia al pastoreo de nubes que construyó dioses, signica-
tivos y sólidos, en una buena parte del arte que resulta sutilmente evocador,
conforme al ideal de sus días soleados.
Una intuición profunda hace del arte Zuliano una línea de equilibrio, de
contención poética, de moderación de motivos en la expresión pluricultural.
No se puede comprender la pintura Wayúu, con sus contradicciones y sus