LA GESTIÓN DEL TURISMO RURAL EN TERRITORIOS INDÍGENAS: ¿REVITALIZ...
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura de la UNERMB
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ción fundamentado en el sustrato físico del territorio (Quijada, M. et al.,
2001). A su vez, la delimitación del territorio se fundamentaba en la cons-
trucción de una historia basada en antepasados –territoriales, se diría— que
no eran más de los indígenas precolombinos y la cultura que los mismos
practicaban, cuyos elementos materiales se ensalzaron como testigos de un
pasado glorioso, pero ya arqueológico, rompiendo su continuidad con el
indígena contemporáneo (Favre, 1997).
El paso de súbditos a ciudadanos en Hispanoamérica comportó la mo-
dicación de una estructura estamental de la sociedad, a la composición de
la población por individuos con igualdad de estatus, extensivos al indígena.
Con ello, las prerrogativas que poseían los indígenas, como la llamada Repú-
blica de Indios y el Procurador de éstos, fueron eliminadas. La participación
en asuntos políticos como ciudadanos era imperativa, pero una vez que fue
preciso ser un ciudadano ilustrado y alfabetizado para ser elector, se hizo
más patente la diversidad de universos simbólicos habidos en los países de
la naciente América emancipada, lo cual atentaba con el ideal de soberanía
y progreso, coincidente con una forma única cultural: el patrón occidental
de civilización (Quijada, M. et al., 2001).
El objetivo entonces tendió hacia el encauzamiento de los indígenas ha-
cia el progreso, que signicaba que éstos compartieran el universo simbólico
de la sociedad mayoritaria (integrada por europeos y sus descendientes). En
ese sentido, el uso de una única lengua fue considerado un instrumento de
unicación política y social, y estando asociada la ciudadanía al castellano,
las diversas lenguas indígenas eran consideradas obstáculos a la propagación
de la cultura y formación plena de la conciencia de la patria (Quijada, M.
et al., 2001). Otro elemento importante en el proceso de homogeneización
fue la jación de símbolos y estas celebratorias para todos los ciudadanos,
que al interior del país fungían como constructores de uniformidad, con
lo cual se buscaba reforzar la identidad colectiva, mientras que al exterior,
como singularizadores. En ese sentido, como se ha dicho arriba, irónica-
mente se reivindicaba la imagen idealizada de pobladores autóctonos, su
cultura y valores. Era la postulación de valores nacionales únicos para to-
dos los pobladores de un territorio: el indígena arqueológico formaba parte
como ingrediente en una fundición con el sustrato hispánico, cuya mezcla
en la gura de próceres se conguró en una personalidad que reejaba vir-