
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura de la UNERMB
Año 3 N° 6/ Julio-Diciembre 2015 / ISSN: 2343-6271
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Francisco del Pino, El Batey, Bobures; y pueblos nuevos creados en la zona
y descendientes de las mismas familias, que desarrollaron la herencia a la de-
voción, tal es el caso de: Boscán, Las Dolores, Tucanicito, San Miguel, La
Guaira, San Juan, Nueva Bolivia, Palo de Flores, Guayana, Santa Cruz, María
Rosario, Puerto la Dicultad y La Conquista.
Asimismo, se considera importante mencionar la descendencia africana
insertada en otros espacios de Venezuela, llevando consigo sus valores, iden-
tidad y costumbres, tales como el chimbanguele, esencia primordial de su
forma de vida y que han logrado convertir, como es el caso especíco de la
celebración del chimbanguele en Cabimas, convirtiéndose en la segunda
manifestación socio cultural religiosa más importante del país, después de la
celebración de la Divina Pastora en el estado Lara.
En opinión del autor del presente estudio se entiende como Chimbánguele
la totalidad de actividades y manifestaciones que forman parte del ritual del
Culto a San Benito, cuyo desarrollo no se concibe sin el tambor, el baile, la
gastronomía, aunque con ese mismo nombre se le llama al conjunto de tam-
bores con que se desarrolla el ritual, para ello se utilizan siete u ocho tambores,
según la particularidad de la comunidad; incluso al ejecutante del tambor, al
integrante de la cofradía o devoto común se le conoce como chimbangalero.
Asimismo, la palabra ofrecida por el Capitán de Lenguas, personaje que se
encarga de ofrecer las letanías al santo. En este proceso ocurre una indisoluble
unión con los golpes del tambor que forman la clave que abre la comunica-
ción del ritual entre el Chimbanguele y San Benito. Según los investigadores
más reconocidos de la cultura afrozuliana, García (2006) y Martínez (2003),
coinciden que la palabra Chimbánguele es de origen Bantú: Imbangala, por
lo que a los ejecutantes del ritual les llamaban Imbangaleros, que lógicamente
por razones de dominio de la lengua y la socialización de la palabra adopta la
“ch”, tal vez, por la facilidad de pronunciación, lo que generó ese nuevo vo-
cablo reconocido como Chimbánguele. Estos investigadores asumieron con
mucha fuerza que el resguardo de la memoria afrodescendiente signica un
compromiso de fe y responsabilidad con la preservación de la cultura ances-
tral que representa el chimbanguele.
El Culto a San Benito y los chimbángueles presentan códigos de origen
ancestral, que se fueron creando y amoldando desde la colonia hasta nuestros
días, justicando los mismos ante los evidentes procesos de dominación que
tuvieron que soportar por parte de los inquisidores europeos, tratando de