Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura.
Año 3 N° 6/ Julio-Diciembre 2015, pp. 48-68
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
El cronista municipal: de la historia universal
a las historias locales
Egli DORANTES
Cronista del municipio Valmore Rodríguez
posgradounermbvrb@gmail.com
Resumen
El presente ensayo tiene como propósito, presentar la gura del cronista municipal en el
contexto de la sociedad actual. A nivel de Iberoamérica la presencia de los cronistas se re-
monta al propio periodo de la conquista española en términos de la historia del llamado
Nuevo Mundo ya que su presencia se remonta al primer imperio constituido en la so-
ciedad humana. Se desarrolla un aspecto conceptual en las líneas del tiempo y al propio
tiempo se contrasta la crónica de Indias con la actual crónica Latinoamericana y en líneas
generales los estilos y temas totalmente diversos, con relación a las antiguas crónicas.
Igualmente el cargo inicialmente tenía un rango muy distinguido y aún en España quien
preside la Asociación de Cronistas Españoles, es el rey. En Venezuela muy pocos tienen
certeza al menos de lo que sea un cronista, cuáles sus funciones, realmente su presencia
es casi desadvertida como función pública.
Palabras clave: Cronista, Cronistas de Indias, Funcionario Público, Crónica Latinoame-
ricana.
e municipal cronist: universal history to local stories
Abstract
is paper aims to present the gure of the municipal chronicler in the context of today’s
society. At the level of Latin America, the chroniclers’ presence dates back the period of
the Spanish conquest in terms of history in the New World as their presence dates back
to the rst empire established in human society. A conceptual aspect is developed on the
lines of time and at the same time chronicling Indies contrasts with the current Latin
American chronic and generally the styles and completely dierent themes, in relation
Recibido: 28/03/2015
Aceptado: 05/05/2015
* Cronista municipal de Valmore Rodírgez (Zulia-Venezuela). Coordinador posgrado Bacha-
quero-Mene grande. Profesor Mestría Docencia para la Educación Superior. Email posgradou-
nermbvrb@gmail.com.
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to the ancient chronicles. In addition, the position initially had a very distinguished rank
and even in Spain who chairs the Spanish Writers Association, is the king. In Venezuela
very, few are certain at least of what is a chronicler, what their functions, their presence
is unnoticed as a public function.
Keywords: Chronicler, Chroniclers of the Indies, Public Ocial Latin American Chronicle.
A modo de introducción: El sur de lo mágico-real
En su discurso de aceptación del premio nobel en 1982 titulado: La so-
ledad de América latina, García Márquez proyecta una imagen imponente.
Antonio Pigafetta, un navegante orentino que acompañó a Magallanes en
el primer viaje alrededor del mundo, escribió a su paso por nuestra Améri-
ca meridional una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de
la imaginación. Contó que había visto cerdos con el ombligo en el lomo, y
unos pájaros sin patas cuyas hembras empollaban en las espaldas del macho,
y otros como alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cuchara. Con
que había visto un engendro animal con cabeza y orejas de mula, cuerpo de
camello, patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al primer nativo
que encontraron en la Patagonia le pusieron enfrente un espejo, y que aquel
gigante enardecido perdió el uso de la razón por el pavor de su propia ima-
g en”.
Aún resuena el primer párrafo de Terra Nostra, donde Carlos Fuentes nos
narra: “Increíble el primer animal que soñó con otro animal. Monstruoso
el primer vertebrado que logró incorporarse sobre dos pies y así esparció el
terror entre las bestias normales que aún se arrastraban, con alegre y natural
cercanía, por el fango creador. Asombrosos el primer telefonazo, el primer
hervor, la primera canción y el primer taparrabos”.
En mismo orden de ideas, estaban aquellas historias increíbles que rodea-
ron al advenimiento del Nuevo Mundo, como el ¡Ábrete Sésamo! de donde
Reyes, Reinas, Tahúres y mercachies de toda índole, pretendieron extraer,
no el bestiario inverosímil que imaginaron, pero sí otro que existiría realmen-
te, como el contado por Cortázar en La vuelta al día en ochenta mundos. Esa
fue la interpretación del propio Colón al tocar las costas de Paria, pensando
que se adentraba a la edad de oro del mundo, iluminada además de una luz es-
pecialísima y aguas que tenían exóticos encantos para los navegantes. Como
expresara éste en alguna ocasión: “perros que jamás ladran”; como aderezo
a lo expuesto: “Un gurado jardín mágico, poblado con una fauna antro-
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pomórca de acuerdo con la ley divina, producto de la voluntad de Dios.
Según la clasicación de San Isidoro de Sevilla, seres extraños como los por-
tentos, los ostentos, los monstruos y los prodigios. Alegorías que apuntan en
tiempos más remotos a Plinio y posteriormente a Marco Polo; en estos lares
mucho después Herrera Luque con “Viajeros de Indias.
Lo citaba muy apropiadamente Ángel Rosenblat: “una raza de hombres
con cabeza de perro, que ladran en lugar de hablar” como analogía de los
sine cervice, oculos humeris habentes”, de los cuales este servidor piensa que
haya un gran número en la actualidad. Igualmente, la extraordinaria visión de
gabo, nos brindó los hombres con cola de cerdo de Cien Años de Soledad
1
.
Acertadamente Earle Herrera, reere un hecho real que por años fue una
mera cción. Mel Fischer 363 años después del naufragio del buque español
Nuestra Señora de Atocha, descubre al mundo restos de aquel fatídico nau-
fragio del siglo XVII.
El profesor Earle nos adentra en algo documentalmente maravilloso, el
ensayo y la crónica, por encima de las formas tiesas de abordar hechos reales
o no, pero que signicativamente son acervo patrimonial, sobre todo para
el Sur y por supuesto, de quienes respetamos la modernidad exacerbada de
muchos autores e incluso, de muchos investigadores cualitativos que aún te-
men abordar su discurso en tercera persona, que parece añorar lo que critican
como método, en las extrañas ínfulas de una supuesta cienticidad. No creo
para nada, que un cambur sepa a caviar. Enrique Pupo-Walker
La europeización de América estaba enraizada en leyendas y éstas
eran duplicadas en el aire renovador de la nueva tierra. La elabo-
ración imaginativa de los hechos históricos puede verse en la c-
cionalización laboriosa en la mayoría de las crónicas. Este juego de
recursos mentales fue construyendo una proyección de la realidad
americana –como bien dijera Octavio Paz-, “la imaginación es la
facultad que descubre las relaciones entre las cosas”
El profesor Herrera (2014,23) nos ofrece un enfoque sustancial, que per-
mite una profundización sobre la crónica. En tal sentido, expresa que:
(…) la crónica no es el cruce de caminos donde conuyeron histo-
ria, periodismo y literatura. En un principio fue la historia escrita,
la relación de los hechos pasados de acuerdo con el orden como
1 Estos textos han sido recabados del libro: Historia Real y Fantástica del Nuevo Mundo, colec-
ción Ayacucho N° 176.
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sucedieron. Se convierte en género literario cuando surge en sus
ociantes la preocupación no sólo por contar, sino por hacerlo
bien y en forma amena, clara y agradable para el lector, inquietud
que llega a generar una preceptiva del ocio y polémica enriquece-
doras. Con la aparición del periódico, pasa a sus páginas y en ellas
encuentra justo albergue porque para el hombre de entonces, la
crónica es lo que hoy la noticia para nosotros.
1. Los acadios y la cultura
Los sumerios, nos remontan a tiempos neolíticos desde algún punto
nororiental, invariablemente privilegiado en la zona del sur, al propio
tiempo que más al norte, partiendo de Nippur, lo que consolidó un con-
junto de pueblos semíticos, que de manera continua fueron penetrando
todo el espacio geográco de la antigua Mesopotamia. Como contrapeso
a la expansión sumeria hacia el norte, los pueblos semitas se desplazaron
hacia el sur, alcanzando su localización denitiva en la región de Kish en
la Asia Antigua, en cuyas contigüidades fundarían Akkad o Agadé; una
sociedad mixta, en vías de total fusión.
Por derivación de la dinámica social, la Dinástica Arcaica, empuje po-
lítico imputado a los sumerios, evolucionará nuevamente con el adveni-
miento del Imperio Acadio.
Así la migración semita, desde Akkad y gracias a una poderosa dinastía,
pudo dominar el país de Sumer y en general toda Mesopotamia, durante dos
siglos; la existencia de dos zonas con cultura propia y en proceso de fusión,
que terminarían por mezclarse y semitizarse, fue una realidad indiscutible.
Estableciendo un vuelo pindárico, puede señalarse que en muchos libros
suele encontrarse como sinónimo de historia, el término “crónica. Partien-
do de allí la acepción que poseen ambos vocablos hacia el siglo XVI, no
es pura curiosidad etimológica. De un lado porque la historia es empleada,
en la antigua Grecia con una perspectiva que sostiene que es preciso ver o
formular preguntas apremiantes a testigos oculares; y por otro lado signica
también un texto de lo visto o lo aprendido por medio de las preguntas.
En tal sentido, este vocablo no contiene, en ninguna forma, el mecanis-
mo temporal de su disquisición. Es quizás por esta razón por lo que Tácito
denomina anales al informe de lo pasado; en tanto que llama historia al in-
forme de los tiempos de los cuales, por su trayectoria vital, es contemporá-
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neo. Esa denición la recoge San Isidoro en sus Etimologías y se reitera, aún
en los eruditos de la historiografía en los siglos XVI y XVII. La ausencia del
componente temporal explica el nombre y el concepto de “historia natural”;
y es así como lo encontramos, en los siglos XVI y XVII hispánicos.
Sin embargo, la Crónica, por el contrario, se considera un vocablo que
dene la cronología del pasado o la anotación de los acontecimientos del
presente, reciamente estructurados por la sucesión temporal. Más que re-
lato o descripción la crónica, en su sentido medieval, es simplemente una
“lista” organizada sobre las fechas de aquellos acontecimientos que se de-
sean archivar en la memoria.
Cuando ambos vocablos coexisten, es posible localizar, al parecer, crónicas
que se asemejan a las historias; y ese asemejarse a la historia, según los letrados
de la época, emana del hecho de escribir crónicas no atándose al seco informe
temporal sino estructurando, exhibiendo
más apego a un discurso bien escrito,
en el cual los requerimientos de la retórica obstruyen el asiento temporal de
los acontecimientos. Los vocablos de anales y crónicas, contrastados en la An-
tigüedad, son los vocablos principales que se conservan en la Edad Media para
asentar acontecimientos notables. Así pues anales y crónicas estaban ligadas a
las prácticas de la Iglesia y a la confección de calendarios.
2. El escenario legal
La Ley Orgánica del Poder Público Municipal, en su Capítulo VI sobre
los Órganos Auxiliares, sección tercera, expone lo siguiente: “Artículo 123.
El Municipio podrá crear, mediante ordenanza, la gura del Cronista, quien
tendrá como misión recopilar, documentar, conservar y defender las tradi-
ciones, costumbres y hábitos sociales de su comunidad. Deberá ser venezola-
no o venezolana, mayor de edad, gozar de sus derechos civiles y políticos ser
profundo conocedor o conocedora y estudioso o estudiosa del patrimonio
histórico y cultural del Municipio. Por supuesto y en atención de la creación
de la ordenanza requerida para la designación posterior del Cronista, estará
en consonancia al baremo estimado por el Comité Evaluador, por tanto, los
seleccionados deben ser personas idóneas y capacitadas parar ejercer dicho
cargo y de reconocida conducta proba, ética y un alto sentido de equidad. El
Artículo 124. Reza que en aquellos municipios donde no exista la gura
del Cronista, se designado o designada de acuerdo con los requisitos esta-
blecidos en la ordenanza respectiva. En aquellos municipios donde ya exista,
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será designado o designada al producirse su ausencia absoluta. Este aspecto
de la Ley no se cumple en todos municipios, y en algunos el dedo prevalece
sobre los criterios de valor para su evaluación.
Para nadie es un secreto, que pese a los Cronistas pertenecer a los órganos
auxiliares del municipio; su salario casi siempre, su salario no es proporcionar
a su rango y las funciones que se espera que cumpla. Por otro lado, qué publi-
ca si es casi una respuesta automática “no hay presupuesto. De manera que es
bien poco lo que puede crear y difundir. Todo esto si corre con la suerte de
tener una ocina, equipos mínimos y personal que coadyuve en el desarrollo
de sus investigaciones.
En otro orden de ideas, el Cronista se encuentra con otra barrera de se-
rias consecuencias, al no poseer una asignación presupuestaria mínima, debe
limitar las acciones jadas por la propia Gaceta de la que provienen sus com-
petencias. Eso impide el desarrollo de cualquier investigación, la imposibili-
dad de alguna publicación de interés o la movilización en busca de materiales
de investigación. Obviando algo dicho contundentemente por el Dr. Freddy
Castillo Castellanos, a propósito del día del Cronista: “El cronista tiene en
sus manos el material más misterioso y abismal del hombre: el tiempo (…). Si
el cronista ha deletreado el tiempo, no estaremos solos en este laberinto que
es la vida” (Bolívar, 2007). La colisión entre el mundo europeo y el mundo
americano fue altamente violenta, en todos los sentidos. Y los textos hoy en
día conocidos como las Crónicas de Indias, nos dejan esa curiosa mixtura de
historiografías, ensayos, letras narrativas de cción, poesía épica y libros de
viaje, como los mejores testigos de este choque.
Cabe agregar que el cargo de Cronista: “(…) no está asociado a la catego-
ría o condición de cargo de conanza de un Alcalde o una Cámara Munici-
pal, porque la misión del cronista, que es una tarea de continuidad, va mucho
más allá de la temporalidad que imponen las leyes electorales atinente a los
cargos de elección popular” (Bolívar, 2007).
En líneas generales, sólo la Ordenanza que dena las funciones y el al-
cance de la actuación del Cronista, es la única garantía que la ley brinda a
éste, para que cumpla con los lineamientos contentivos de dicha ordenanza;
al no poseer una asignación presupuestaria de ningún tipo, tendrá enormes
limitaciones para ejecutar actividades, una investigación especíca, publica-
ción alguna, así como cualquier proyecto que implique la implementación de
recursos. De manera que se convierte realmente en un una gura decorativa
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sin posibilidad de ejecutar sus funciones, por lo que debe ingeniárselas para
lograrlo. Paradójicamente la mayoría de las ordenanzas referidas al Cronista,
no mencionan nada acerca de medios nancieros especícos para solventar
esta situación. Está a expensas del nivel de concienciación que pueda encon-
trar en la Cámara Municipal como su línea de subordinación inmediata o en
la aceptación ejecutiva del Alcalde, en la asignación de recursos, equipos y
todo lo requerido por el Cronista para el logro de un buen desempeño.
3. Escenario Histórico-Social:
El Cronista tiene una realidad presente que proviene de una realidad pa-
sada para Botero (2000:54):
La cultura occidental (…) se caracteriza por su enorme producti-
vidad técnica, el sentido de la hiperactividad, el individualismo,
la carencia de solidaridad, la abstracción de la ratio respecto de la
vida concreta de los individuos, el sentido práctico, la adoración
del dinero y de la acumulación, el dominio de la naturaleza.
En ese sentido, la Costa Oriental del lago (COL) nos plantea un mosai-
co de elementos que giran en torno de un proceso histórico-social aún no
aclarado del todo. Requerimos en la zona un histórico cartográco que po-
damos utilizar para establecer relaciones parentales de los grupos humanos
que hicieron vida en esta ribera oriental. Los gobiernos locales –si existiese
voluntad política- podrían desarrollar medios diversos para aliviar un tanto
la odisea que resulta tratar de mapear de forma unicada, los procesos mi-
gratorios de nuestros ancestros, de dar vida a nuestros patrones lingüísticos,
evaluar los nichos culturales asentados en la zona y cuáles prevalecieron sobre
otros, de manera de hilvanar un contexto identitario cónsono con el acervo
cultural localizado en cada micro-región habitada.
Indudablemente, hay un gran espectro de signos aún no develados. Re-
presentan lo que fuimos y son enigmas en el tiempo por recobrar. “En efecto,
todo signo tanto hablado como escrito, debe ser reproducible; un «signo»
que fuese esencialmente singular y que no pudiese emplearse más que una
vez no sería un signo” (Bennington/Derrida, 2001). La profundización de la
investigación etnográca a lo largo y ancho de la sub-región, aportaría enor-
mes benecios para construir el gran rompecabezas y unicar criterios sobre
los aspectos antropológicos, económicos y sociales, que edicaron la cultura
ancestral de nuestras riberas. Gentes que hoy son solo rostros del silencio.
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4. El viaje a la semilla
La crónica da cuenta de los actores, de los movimientos sociales y las lu-
chas de los grupos minoritarios. La crónica ya dejó de ser frívola y retros-
pectiva, como señala Carlos Monsivais. La crónica quiere volver a la mira de
Herodoto: narrar lo sucedido, “para que no se desvanezcan con el tiempo los
hechos de los hombres, y para que no queden sin gloria grandes y maravillo-
sas obras”, como nos dijo Luís González y González.
Sistematizar el chisme disperso, resume el alud de noticias que día a día
genera la acción individual y solidaria de las comunidades. La crónica da la
identicación y el amor propio que debe existir en toda comunidad humana.
Ahora todavía se considera como asunto central de los cronistas los sucesos que
inuyen en el contorno social, sobre todo las decisiones y conductas de los po-
derosos, como arremete el autor de “Pueblo en vilo, Luis González González.
La mayoría de las crónicas se sirven también de la memoria ajena, tanto
oral como escrita. Cada mirada es singular. La ciudad es polifacética, se dan
las mutaciones de las costumbres y el desdén por los valores permanentes,
esas actitudes sociales que merecen la atención de los cronistas.
La crónica en la ciudad no tiene por qué hacerse desde el Estado. Y no
hay ningún conicto con las actuales autoridades, simplemente queremos ser
mayores de edad, no vivir tutelados, sino salir a las calles, recorrer nuestra
ciudad, y escribir, hacer teatro, cine, poesía en torno a ella. Es el sentir de los
creadores en nuestra ciudad, un sentir desoído. El cronista es el centinela de
nuestras ciudades y todos los relacionados con el arte, la medicina, la arqui-
tectura, el cine, la pintura, la historia, la literatura, la coreografía, el teatro, el
periodismo, la antropología y las culturas populares, entre otras ramas, que
tienen como objetivo principal ser “ciudadanos, plurales, múltiples, transver-
sales y diversos, en su labor para promover la crónica, al decir de José Félix
Zavala y del propio Octavio Paz: “La crónica tiene doble dimensión y múlti-
ples lecturas, dijo en su momento Octavio Paz; La crónica no le pertenece a
nadie, es algo que debemos hacer entre todos”.
Son muchas las limitaciones de esta labor, por eso enfrentarse en solitario
a una realidad tan compleja y aferrarse a un cronista ocial, es dañino para la
ciudad, su historia, su presente y futuro, por lo que se debe mirar con buenos
ojos la creación de un Consejo de la Crónica. Para una sola persona, no al-
canza la vida para conocer las grandes ciudades y todos sus aspectos. Por eso
avizoro la creación del consejo, para compartir el cargo con una serie de in-
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telectuales y que, en colectivo, promoviéramos la crónica. Ser cronista es una
vocación, una manera de percibir la realidad, por ello no se puede imponer
un solo estilo para hacer crónica, ni transformar al consejo de un organismo
honorario en una ocina de ambigüaciones.
Lo que la política separa, la cultura une y la ciudad entrelaza. Que cada
uno de los colegas haga su trabajo en casa, en la intimidad, no en las juntas, a
las cuales pueden dejar de ir, pero que nos entreguen su trabajo. Nos importa
conocer eso, para seguir queriendo a este ocio, porque a pesar de todo sí es
susceptible de ser apreciada por otros.
Encuentro más revolución en el vuelo del chupaor, que es movimiento
quieto que en estos que han deslado en todas las esferas de la vida nacional,
jurungamuertos de lo que no fueron, ni serán jamás. Veo a mis amigos que no se
acercan porque al parecer tengo ébola o ebre del pantano, los veo saludando
apurados por si los ven, veo la miseria de pensamiento, la orinadera de ebrio, más
no pensadores que aportan o enseñan algo a alguien, Prieto Figueroa los llama-
ba eunucos, ocio perfecto de estos habitantes de los nuevos feudos.
Si se trabaja vinculado a lo cultural comprenderá perfectamente dos co-
sas con estas líneas: Uno es un funcionario público o es el artista que quiere
hacerle entender al funcionario mayor, que la cultura lo involucra con los
hacedores de ese fatídico concepto que es la cultura. Por supuesto si se perte-
nece al mundo cronopio, no debe pretender jamás, ser parte de ese status quo
en el que la cultura aparece como un aparatico móvil que funciona hasta de
manera remota y es producto del mismísimo no hacer nada que predomina
en las ocinas y seres que ostentan el privilegio de cultos.
Si uno visita nuestras llamadas Casas de la Cultura, padecerá del triste
espectáculo de creer que se está entrando a un cementerio del pensar o a un
servicio fúnebre, porque nadie parece percibir que a la cultura se le mantiene
en ese paredón digno del poema de Jhon Donne a propósito de un ahorcado.
Admirable es, ciertamente que los Directores de las mismas, logren mante-
nerlas a ote, no es cuestión de salvavidas o de cursos de natación. Es simple y
llanamente la prosocefálica denición de cultura que habita en el siglo XXI.
Es fácil comprender por qué los griegos lograron sobrevivir a los bárba-
ros y por qué razón, en nuestros pueblos todavía existen Hunos, Ostrogodos
o Visigodos, curtidos en el vasto desempeño de una nadería que paraliza y
enerva, por ser lo más respetuoso posible con los presentes. Eso me hace pen-
sar en el Capino, o el joven Germain Marrufo, un ajedrecista y un músico
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reviviendo el mítico poema de Borges; arraigados en su pueblo, sin traicionar
sus principios, pero solitarios de soledad, con la rabia visceral de querer que
Bachaquero, Mene Grande, Moteo, San Lorenzo, Tomoporo, Ceuta, Cabi-
mas, Lagunillas, Santa Rita, Los Puertos y todo el estado, pasen al libro de
las posteridades, con el honor merecido por sus fundadores, de cuyos rostros
nadie tiene la miserable idea de quienes fueron.
Uno tiene que recordar que la Historia no es una ciencia exacta, sino que
siempre reeja la época en la cual se escribe. Cuando fueron escritas las crónicas
de Indias, la historiografía estaba todavía, según Víctor Frankl, estrechamente
ligada a las concepciones legendarias, al recuerdo y a una realidad espiritual.
Leyendas y cuentos mitológicos de la antigüedad, las profecías y la tradición
bíblica formaban parte del pensamiento histórico del período. Al examinar
los rasgos literarios en las crónicas de Indias, hay que mencionar que incluso
si hoy en día nos parece curioso encontrar cuentos y elementos literarios en
una obra de historia, una mezcla entre historiografía y literatura había sido la
norma desde los principios de la historiografía. Borges ha indicado que lo que
anteriormente se leía como historia épica (como las obras de Homero) hoy lo
leamos como literatura, y esto podría eventualmente ser aplicable también a
partes de las crónicas de Indias. En los textos historiográcos griegos y roma-
nos se encuentra numerosas anécdotas y cuentos, a menudo con formulaciones
lacónicas y detalles sugestivos que permiten recordar más fácilmente la historia.
Importaba menos si era la auténtica verdad, ya que la gente siempre ha preferi-
do una historia fantástica bien contada a una verdadera pero sin valor literario.
Tanto en América como en Europa circulaban numerosos mitos que hicieron
crecer el carácter imaginativo de las crónicas de Indias. Mitos que se tomaban
muy seriamente: el del Amazonas, originalmente guerreras míticas griegas, em-
pujó a exploradores españoles como Francisco de Orellana a organizar expedicio-
nes para buscarlas, y es de allí que proviene el nombre del gran río. Las crónicas es-
tán llenas de mitos: unos tratan de gigantes, sirenas, grifos, dragones y monstruos
de todo tipo, mientras otros evocan países, ciudades y lugares, como el país de la
Canela, el paraíso terrenal, el reino de Omaguas, las siete ciudades de Cíbola y el
país de Meta. También había mitos y cuentos de tesoros escondidos.
Como las crónicas de Oviedo y Bernal Díaz, la del Inca Garcilaso es muy
personal. Él y su familia guran mucho en la obra y es notable cómo utiliza al
tío de su madre, un inca anciano y sabio como un segundo narrador, ya que
es él que cuenta muchas de las relaciones sobre la historia de los incas. Podría
describirse como algo parecido a la técnica narrativa llamada la caja china, es
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decir una historia dentro de otra, o un cambio de narrador. Sin embargo, lo
que lo contradice es que el anciano cuenta sus historias en largos monólogos,
es decir que el narrador de la obra sólo cambia supercialmente.
En otro orden de ideas, la crónica deberá siempre plantear el problema
de la verdad (se debe escribir como cada uno piense), jugar con el tiem-
po (saltos temporales); y lo más importante: la fuerza del texto. ‘Hay que
agarrar al lector por el cuello, dice Gabriel García Márquez. La crónica es
un discurso representativo que depende de las circunstancias. En el re-
portaje la voluntad narrativa se pone en escena. En los géneros se debe
añadir hibridez en el texto esa norma es el eje de la lectura, efecto central
con pausas, guiones y delidad con el lector en lo que pretende informar.
Para la crónica, los elementos principales incluyen un comienzo que resu-
ma la historia, para el inicio (postergación y suspenso); denición de los
protagonistas, hilo narrativo y un nal relacionado con el comienzo de la
crónica. “Latinoamérica más que un cuento o una novela es una Crónica,
en la brillante sentencia de Tomás Eloy Martínez.
5. Los cronistas y las universidades
En los espacios de la educación universitaria, la generación de estu-
dios sobre la historia local, debería posicionarse como una punta de lanza,
sobre todo en aquellas universidades que ofertan carreras vinculadas con
las ciencias sociales y en el marco geográco de la COL muy pertinente
sería el desarrollo de áreas como antropología, arqueología y mientras tal
suceso llega, hay que impulsar nuevas investigaciones que no contaminen
la presentación de Trabajo Especiales de Grado y la propias Tesis del espe-
rado doctorado en Ciencias Sociales.
Además, el impulso de etnografías, historias y relatos de vida, en el
seno de la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt”
(UNERMB), de estudios fenomenológicos, hermenéuticos, entre otros
métodos y metodologías, e incluso las nuestras, en términos de la deco-
lonizacion, la epistemología del Sur, del propio pensamiento complejo
propuesto por Carlos Reynoso, es preciso resolver nuestros laberintos en
ámbitos cualitativos, pero con un lenguaje cualitativo y no con una inves-
tigación cualitativa escrita como una investigación cuantitativa.
Indiscutiblemente se requieren seminarios, diplomados, conversato-
rios, para gradualmente ir formando una denición más adecuada de lo
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que es en la actualidad el cronista ocial de los municipios venezolanos,
que todavía en muchos casos carecen de cronista. Sumado a ello, las gran-
des limitaciones de espacio, equipos, personal, presupuestarias, de divul-
gación, entre otras que actúan como barreras en el trabajo de recopilación,
compilación, e investigación que debe realizar en las condiciones más ad-
versas del caso particular de la gran mayoría de cronistas, ello derivado de
la propia ambigüedad jurídica que demarca unos límites irrisorios de un
ingreso decente y condiciones operativas adecuadas para el buen desempe-
ño de las funciones que acompañan la ordenanza que lo inviste del cargo.
Se puede señalar que las dos acciones que designan ambos vocablos: cró-
nica e historia tienden, con el tiempo, a compendiar en la historia la cual,
por un lado, incorpora el elemento temporal y, por el otro, desplaza a la
crónica como actividad verbal. Las memorias y las crónicas tienden a esfu-
marse hacia el siglo XVI y se sustituyen por las narraciones históricas del
tipo heroico o de acciones de vida relevantes. Es este, al parecer, el sentido en
el que se emplea el vocablo “crónica” en los escritos sobre el descubrimiento
y la conquista.» según lo apunta Walter Mignolo en: “Cartas, crónicas y
relaciones” y en: Luis Iñigo Madrigal (Coordinador) de la: Historia de la
literatura hispanoamericana. Madrid: Cátedra, 1998, vol. 1, 75-76]
La palabra cronista comenzó a manejarse
más tarde para designar al
autor de relatos contemporáneos. La
historia se fue convirtiendo en disci-
plina, cuyo objetivo es narrar y explicar el pasado. El cronista se funcio
como un simple relator de hechos desnudos, recopilador de fuentes o es-
critor costumbrista. Con el desarrollo del periodismo, lo convirtió en un
ocio con pautas cada vez más claras y especícas. Las crónicas de Indias
por ejemplo, son aún hoy día una fuente para conocer no sólo la historia
del descubrimiento y conquista de América, así como del desarrollo histó-
rico de los virreinatos de ultramar, así como los del mundo prehispánico.
6. La crónica y su pivote
Las crónicas del nuevo mundo se inician con el famoso Diario de a bor-
do de Cristóbal Colón, en el que describe de manera detallada sus primeras
impresiones de las Antillas. Dichas descripciones inician una larga serie de
crónicas dedicadas a la descripción de múltiples aspectos de la naturaleza y de
las culturas americanas, entrelazados con los propios hechos de los españoles
en el largo proceso de colonización de los reinos de Indias. Hay dos grupos
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de cronistas: los que habían estado en América o habían sido protagonistas
de alguna de las hazañas de la conquista, y transmitían vivencias personales o
noticias adquiridas en el entorno americano, y los que elaboraron sus propias
obras reuniendo la información a través de las noticias de otros o lecturas
de escritos ociales o privados, sin haber estado jamás en las nuevas tierra
usurpadas. Alprimergrupopertenecen descubridores, soldados, religiosos
y funcionarios que desemparon algún papel en este proceso, junto con los
indígenas y mestizos que se incorporaron a él.
El segundo grupo está constituido por la mayoría de los representantes de
la historia ocial, que escribieron desde sus despachos, aunque manejaran un
caudal inmenso de información de segunda mano, acumulado por los cen-
tros de la administración, como el Consejo de Indias, creado hacia 1524 para
atender los temas relacionados con el gobierno de los territorios españoles en
América. Fue este Consejo el que creó la gura del cronista mayor de Indias.
En 1744, FelipeVdecidió que el cargo de cronista mayor debía pasar a la
Real Academia de la Historia, sin embargo, se sucedieron algunos nombra-
mientos más al margen de esta institución.
2
Ladivulgacióndelas crónicas fue, en muchos casos, tardía. Muchos auto-
res no lograron a ver sus obras impresas. Aún hoy se siguen publicando obras
inéditas, que en su tiempo circulaban en círculos muy reducidos o fueron
usadas como fuente por cronistas posteriores.
¿Quiénes fueron los Cronistas Ociales de Indias?: Este cargo se inicia con
la documentación reunida por Pedro Mártir de Anglería, que pasa en 1526 a
Fray Antonio de Guevara, Juan López de Velasco tras los papeles del cosmó-
grafo mayor Alonso de Santa Cruz. Antonio de Herrera es nombrado cronista
mayor de Indias en 1596, y publica entre 1601 y 1615 la Historia general de
los hechos de los castellanos en las islas y Tierra Firme del mar Océano, conocida
como Décadas. Antonio de León Pinelo (recopilador de las leyes de Indias),
Antonio de Solís y Pedro Fernández del Pulgar cubrieron el cargo durante el
siglo XVII. En el siglo XVIII, se crea la Real Academia de la Historia, que tra-
baja paralela al Archivo General de Indias. Destaca en esta etapa Juan Bautista
Muñoz con su Historia del Nuevo Mundo, que quedó incompleta.
Actualmente hay que considerar otros aspectos. Para Julio Villanueva
Chang: “Elaborar una crónica es un acto muy costoso, al menos como yo la
2 Cfr. La Visión de América de Alejo Carpentier, La Escritura, Símbolos De Conversión En
Las Crónicas Novohispanas de Alejandro Tapis Vargas y de Wilfredo Bolívar, El Ocio del
Cronista.
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entiendo: es decir, una crónica es un gran reportaje muy bien escrito, un gran
trabajo de campo con entrevistas, documentos y la suerte de ser testigo y cuyo
relato no aburra. Ello supone semanas o meses de dedicación, un editor cóm-
plice del cronista, una historia en la que los protagonistas cambian ante los ojos
de su autor y donde el azar actúa sobre la realidad, y también lecturas. Todo eso
es lo que yo llamo una buena crónica. Otra cosa es dar a algunas páginas de un
periódico cierta amenidad, cierto cuidado de la prosa, incluso cierto vuelo poé-
tico, todo eso lo puedes hacer sin necesidad de salir a la calle. Pero una crónica,
cuando es ambiciosa, exige un trabajo tan delicado como atlético.
Asimismo encontramos: La Antología de Crónica latinoamericana Ac-
tual, de Darío Jaramillo Agudelo, quien toma una cita pensamiento de Vol-
taire, que exprese una idea interesante: “Toda clase de escritura está permiti-
da, menos la aburrida. Para Jaramillo, la actualidad de Latinoamérica, resulta
ser un modelo más que recomendable para lectores y lectoras que esperan
encontrar en sus lecturas algo más que la mera distracción. Lo que no impide
que el esparcimiento sea un elemento más para sentirse correspondido por
la crónica viva y la variedad de su contenido. Pues de verdad que no aburre
ni por asomo. Como señala el autor de ella Darío Jaramillo Agudelo: “La
crónica periodística es la prosa narrativa de más apasionante lectura y mejor
escrita hoy en día en Latinoamérica” Y no nos deben de doler prendas del
charco para oceánico acá reconocerlo, de igual manera que ya en su fecha y
tiempo lo hicimos con el boom de la narrativa de allá del charco oceánico con
esa enriquecedora continuidad en nuestra lengua es decir: la de Cervantes.
En ese orden de ideas Francisco Vélez Nieto
3
, emite una sentencia lapida-
ria, ya que existe un:
Peligro del ahogo [que] es el serial de los sucesos y los escándalos
adobados impuestos por los imperativos económicos que obligan,
envueltos en un laberinto publicitario por encerrar en su espacio
esas muchedumbres apresadas en el tiempo de los poderes empeci-
nados en la total alineación del individuo, pues sus cálculos giran
únicamente alrededor de las ganancias por encima de toda ética y
estética. Esto no es nada nuevo, aunque puede ser una “moderni-
dad” impuesta por los poderes nancieros y la servil complicidad
de políticos siempre eles a las joyas de la corona entronada en la
cúspide.
3 Cfr. http://cultural.argenpress.info/2012/03/critica-literaria-antologia-de-cronica.html
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Lo anteriormente expuesto, indica que las sociedades a medida que trans-
curre el tiempo, se encuentran más adeudadas. Como escribía Walter Benja-
min -citado por Jaramillo Agudelo (2013:31)- en el primer tercio del pasado
siglo: “Nos hemos hecho pobres. Hemos ido entregando una porción tras
otra de la herencia de la humanidad, con frecuencia teniendo que dejarla en
la casa empeño por cien veces menos de su valor para que nos adelanten la
pequeña moneda de lo “actual”.
Parafraseando a Jaramillo Agudelo, la cotidianidad está relegada a lo frau-
dulento, lo notable se convierte para los medios de la palabra escrita y habla-
da, en un festín de espectáculos. El ocio de escribir y describir las crónicas
de las realidades sociales en su más amplio y libre espacio se realice, frente a
esa pobreza de boletín informativo retórica, eufemismos, a su necesidad de
ventas y escándalos”, para los que el tiempo necesario para escribir honesta-
mente, la actual moneda sólo paga su valor de cambio, mientras que el valor
de uso cada vez, existe menos.
La literatura siempre caminando con el cronista nos recuerda Sábato (1979:
212: “Los hombres escriben cciones porque están encarnados, porque son im-
perfectos. Un Dios no escribe novelas. Como en el salto de Alicia, que caía
hacia arriba o la sabia utilería de la amistad de un cronopio en medio de una
cosmopista y sus autonautas o el prodigio monumental al seso que despierta
Stephen Dedalus o su homólogo Leopold Bloom. En ocasiones por un lapsus
linguae uno comienza un trabajo de parto que culmina con el destello multiva-
riante de una maravilla o el desconsuelo del insomnio de una noche sin brindis.
Plank y Einstein cambiaron para siempre la imagen de la materia y la ener-
gía, Cortázar por ejemplo alegra la esta con un cuento redondo y los deslin-
des entramados de los intelectuales obvios. ¨el simple canto de un pájaro, la
mirada de un hombre que pasa, la llegada de una carta son hechos que existen
de verdad, que para ese ser tienen una importancia que no tiene el cólera en
la India¨ (Sábato). Todos pensamos, con o sin muletas siendo o no más o
menos inteligentes, todos aunque sea por ósmosis, permean una idea y en to-
dos hay una aventura del pensamiento que invita al parto. Tenemos el hecho
cientíco a lo Arístides Bastidas del tío Fermín, que tiene un conocimiento
de bosques Elisios o guarapo de panela.
Es el vilo de Sábato en Abadón o la confesión excelsa de Sor Juana Inés de
la Cruz o en ese orden de cosmogonías, la espada de fuego de San Juan de la
Cruz. Es la cascada de emociones de Apolinaire en Alcoholes y cada gura-
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símbolo de sus caligramas. Es la copla olorosa a fogón de Efraín Subero y
el terrible legado que subyuga el alma de la cantata de Ludovico Silva. Es la
Claudia de Ernesto Cardenal y la historia del magma que forma al hombre
latinoamericano. Allí donde el capitán Neruda, se recrea en su yo-nosotros,
emergen dioses y demonios, todo en uno, como parte de los miedos y las
dudas en las que hemos crecido, en las que hemos creído.
En ese orden de ideas, vemos surgir las poderosas palabras de Tagore, el
centinela de la paz y la seda musical del mundo interior. La interestelar super-
nova o los dragones de la inteligencia, se dibujan y emergen de las visiones de
Sagan y aquí en la tierra los dioses de la guerra, aún tienen un rincón para el
amor, como humanamente lo moldearan Fromm y Buscaglia. En esta aventu-
ra de la mente habitan Rimbaud y Baudelaire, en sus textos malditos (bendi-
tos) y toda la magia del haikú en la brevedad de su inconmensurable espacio.
Renace del advenimiento del Tercer Reino en la última novela de Hermann
Hesse, en medio de un extraño juego; habita en el estanque simbólico de
los jardineros prudentes de El derecho de soñar de Bachelard y en esta línea
de Cintio Vitier: ¨Quién soy hacia lo eterno de estos búhos/trocando selladas
melodías por aldeas…¨.
Es la gran matriz donde vivimos, la del frío abril y la de los relojes que daban
las trece para Winston Smith: una neolengua, un solo pensamiento, una sola
historia, INSOG, cerebros lavados y C4 dama en el tablero polvoso, jaque a la
libertad, al sexo, al licor, a la soberana y realísima gana de no ser lo que no quie-
ro, solo quiero la libertad de mi derecho revolucionario de llegar a la ciencia y al
conocimiento, la mejor revolución después de la computadora del Califato de
Bagdad antes del viaje de Cristóbal. La misma profundidad de las emociones
en El ruiseñor y la rosa. Venimos de nuestros miedos desde las cavernas, de sa-
gas numerosísimas de versiones acerca del mundo y su compleja conformación,
en medio de las cada vez más numerosas religiones, de visiones del mundo y so-
ledades alternas de muerte y destrucción. Ya lo ha dicho sabiamente Benedetti:
¨El dolor es un ensayo/de la muerte que vendrá/y la muerte es el motivo/de nacer
y continuar/y nacer es un atajo/que conduce hasta el azar/¨.
Ese alquímico cosmos lo escribe Bryce Echenique en Un mundo para
Julius. Un sutil trono del lenguaje y la estética acumulada con la suavidad
del amor y la ternura y la nostalgia. En contraste con esos nudos gordianos
que habitan en Roberto Arlt y Los Siete Locos, rabia y genio desde el barrio
porteño de Flores. Como esa gente que preere restar –cosa que no existe- a
considerar que pensar es posible. Es lo que sienten los pintores, poetas, escul-
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tores, cuenteros, creadores todos, cuando llevan sus trabajos e igualito que
siempre, van al fondo del Hades, en un tiempo que agota pero que no vence a
las respuestas. Confucio dijo: ¨No comprendo cómo puede haber gentes que son
violentas sin ser rectas, que no prestan atención a pesar de ser estúpidas y que no
tienen sinceridad aunque les falta inteligencia¨. Allí emerge Pancho Marginal
y su vocería por encima de Francisco Encrucijada.
En ese orden de ideas, el planeta deconstruye del caos hacia el equilibrio
innitesimalmente, al decir de Popper: ¨Lo que realmente hace que la ciencia
progrese son las ideas nuevas, incluso las falsas¨. Más allá de otras conjeturas
sibles el ojo que avizora, el ojo pleisoscópico de los poetas, va de la mano con
la espiral de los viajes, así lo dice Monterroso: ¨El pequeño mundo que uno
encuentra al nacer es igual en cualquier parte en que se nazca: sólo se amplía si
uno logra irse a tiempo de donde tiene que irse, físicamente o con la imagina-
ción¨. En el tránsito, algunos llegan, otros se van. Siempre junto a las alegrías
existe el dejo de las tristezas por aquellos sembrados y que ahora son estrellas.
Marc Bloch fue fusilado y no vio su obra hecha libro, Memo no pudo ser
piloto, uno busca los bicharangos del tiempo, como dice Alberto Crespo: ¨Si
llegaba la buya de las alambradas/a jamaquearme, si era papagayo, /ni cuenta
me daba de los nortes/llevándome, /amarrado a una cabuya, por el camino
de cabra/donde caía/y me bamboleaba, /casi prendido/ y seco, seco…¨. En el
tierrero de mi pueblo, vienen envueltos esos fantasmas de siempre, disueltos
como cenizas entre el destierro de los muertos y este cementerio de vivos.
Siempre habrá una aventura en las manos que recuerdan tantos rostros y la
pertinaz llovizna que nos encuentra en una calle con olor de abuela y la sonri-
sa de alguna muchacha que nos vuelve capitán de la aventura.
A la vera del camino miles de seres loan de manera febril sus creencias y
en sus profundas reexiones, cuentan la otra historia que pierde de los ana-
queles de las bibliotecas. Nuestro estado está inmerso en ese bruñido sincre-
tismo mágico-religioso que en el imaginario colectivo, conserva intacta una
memoria que sobrevive a la ignominia y el desparpajo de la novedad y la fría
mirada de quienes formamos para bien o para mal, una tierra de gracia donde
las convicciones humanas, se sepultan por esa desidia que ha sido fuente de
inspiración para quienes alguna vez protestaban en su canto la cotidianidad y
los desafueros que diluían las poderosas coplas, décimas, quintillas, estribillos
y octasílabos que de manera uida se transmitían de boca en boca y recorrían
desde la altiva casa de las señoras y sus dones, hasta el villorrio alejado o las
labores más diversas de los zulianos.
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Los patios de las conversas se quedaron solos, la gente partió de paisaje
o de sitio; algunos recuerdan esto o aquello y lo cuenta, pero lo olvidado
nadie lo reseñó, nadie le dio importancia y esa parte de la historia parece una
borrachera, pues quién lo escribe o lo reinventa. La viejita Cobero ni su foto
pude encontrar, Digna Salas en su enorme sonrisa de mujer buena, un perso-
naje de excepción como Goyo Pineda, “El Camello” de quien aprendí a leer
a los cuentistas rusos, Diobis con una máscara de prisionero en respuesta a su
genialidad; Mr. Stewens especie de Melquíades y oráculo del verdín de las tu-
berías. El señor Urdaneta mi gran maestro de la infancia, vilmente asesinado
por pensar. Don Eloy Suárez Torres del corazón de Palo de Olor, cuatrista y
contador de historias. Don Pedro, quien nos dio tanto y qué le hemos dado;
Teresa y su voz en las nostalgias del petróleo y una fono platea sepultada. Xio-
mara Reyes la voz de la trova y el ensueño gaitero junto a Soraima Rosales,
Yalitza Carrizo, Raisa Gutiérrez y todos los nombres de épocas que se buscan
ahora por el apuro del hacer que se hace.
El culto sinuoso de nuestras historia locales se convierte en este ahora en
un caldo concentrado de nadas y todos, botella vacía que en nada emula los
mensajes que en la mar tuvieron destino. Pero evidentemente, hoy urge des-
pertar las historias de sus sepulcros, levantar el naufragio y navegar nueva-
mente sobre las aguas interiores que pasados días fueron epicentro, amalgama
y gloria de una diatriba de siglos y vertidos al sifón ene una praxis involutiva.
En todo caso, los pobladores con sentido de pertenencia por su patrimonio
cultural en cada lugar del planeta, tienen el compromiso de recrear sus tradi-
ciones y costumbres, como salida sustentable a su permanencia en el tiempo
como saberes en peligro de extinción. Cuando no hay argumentos para colo-
car la lápida sobre lo que piensas, es necesario ser lo más vulgar posible para
incendiar tu presencia. Pareciera un corolario sobre algo banal, pero tiene
mucho sentido cuando pasas mucho tiempo formándote sin sospechar, que,
a lo mejor, los seres de las sombras no necesitan ni siquiera pensamientos,
porque los abalorios de sus tiendas proceden de mercachies de renombre.
Tijeras y lazos pedían siempre en la escuela, aunque nunca inauguramos
nada, es una buena charada para recordar los tontos de ocio que llenan pa-
pelitos a los pies de una escalera, remembranza de los famas y esperanzas de
Cortázar. Colmillos y fauces de era en la cotidianidad de la Nada. Plusvalía
intelectual de los posmodernos y el tren de los encantos.
Uno se toma un café decente con leche imaginaria si está en casa y de
no ser así, la única cafetería existente nos reúne a diario en el parloteo, la
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reexión, el encuentro o la necesaria conversación inútil, que es oportuna
porque vives en un poblado extremadamente inverosímil; que raya entre lo
demente y lo divino, entre la onagra frase y la oración confusa.
Somos un texto predecible ante lo invivible. Como el hocico de un cer-
do que hurga en la mugre para continuar el ciclo. Una cultura deshidratada
y convertida en sonámbulo amuleto de menudeo y comodín para el juego.
Pueblito de cuitas, motes, hechizos y mordeduras que ni Malaquías podría
sanar. Pero igual con el mismo gustico a melodrama, suspenso y embeleque-
rías adscritas al recetario de los sancochos de Croes, en esos predios domin-
gueros que advierten que nada pasa, ni siquiera los viejos y olvidados comu-
nistas del pueblo que insomnes pernoctan ahora en la arena y el viento.
La magia barata de los viejos circos que llegaban roídos de cansancio y
calamidades; no nos trajo jamás la transformación del hombre en gorila sino
que el gorila se tragó al hombre y simula una conducta humana, sospechosa
y poco romántica en el obsceno carnaval de la triquiñuela de padrote y la
argucia leonina de un festín de orgasmos melancólicos que supuran miseria.
Date vuelta y enciende la maravilla más poderosa del universo: Tú. Hazte
el loco, total los mayores halagos siempre vienen de los más humildes. No
puedes esperar más del que no tiene qué dar. Cierra tu boca cuando pises en
el frío delirio de quien suspira por un carro y desprecia al chupaor en su me-
táfora al vuelo. De nada valdrá –te lo juro- perder el tiempo con los zombis
parlantes, arrímate al silencio y abraza a un niño para que te de la energía de
lo puro y no te envenenes con la masa amorfa de rostros que viven consagra-
dos a ser superciales y en nada dan gracias a la naturaleza por existir. Sonríe
cuando en la mañana los aromas de las abuelas crucen las calles y las caravanas
de gentes vayan de un lado a otro a vivir lo mismo, porque muchos piensan
que vivir siempre es una rutina.
Ineluctablemente vos pensáis que en una esquina de la escena, llegará lo que
soñaste, pero has vivido para ganar el derecho de un sueño o por el contrario,
la copa se rebosa con un largo trago que amarga la tertulia y de pronto miras
ats y apenas vez la lucecita casi muerta de alguna cosa que se borró y ahora ni
siquiera recuerdas, ¿en realidad existió o murió con un nombre triste como un
alegórico montón de migajas guardadas en el cajón? Terriblemente obvio ese
cuentico que tiene años amarrado en uno de esos huecos de la memoria.
Me pregunto si Cambalache sonaría mejor en estos tiempos o si Mujer
Carbón Sagrado, es una oda al pertrecho que el humano guarda como avío
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agridulce para las faenas diarias. Cuándo acabaran las vacaciones de la ver-
dad. Ahora hasta el sexo deberá ser esa manera divertida de hacer feliz a Dios
o nalmente la frustración de no saber qué hacer con él. En verdad ha co-
menzado una expedición hacia adentro. Bienvenida. Me alegra el panita en
la cuna, que protesta y reclama su espacio, al maestro que conspira por la
felicidad de sus niños, porque aún supongo que sea su norte. Cómo no sentir
catarsis cuando alguien del pueblo logra ser pueblo y en su verbo le da un
hermoso tanganazo al vejador de su ocio.
La asonada interna del hombre ha sido su autocisma: ignorancia, fana-
tismo y tiranía. Con algunos asisitos le damos vueltas a conceptos y formas,
como codeándonos con la razón de la vida o tratando de emular inútilmente
en la despersonalización del ser y su violento impulso hacia la nadería. En
una era cuántica y de plena búsqueda de un hombre humanista y ecológi-
co, se funden las esperanzas de sociedades realmente alineadas a la idea de la
victoria humana, aún a costa de viejos y pesados paradigmas que aletean en
algún suburbio del cerebro. Como una aterradora ceguera que devela los pac-
tos secretos entre poder y dominio, entre realidad o cción, vida o muerte.
Un mundo de horrores: moralización de los monstruos. Lo feo, lo cómico,
lo obsceno, cadáveres destripados, toda una elocuente estética en un frasco
con alcohol; otamos en su interior, todo un culto abrumador a los dioses
de la noche. La mesa del gran laboratorio, los papeles del olvido, esa mezcla
increíble que compone la trama del rapto y la evasión. Un mundito singular
donde el tiempo irrepetible se afana con las horas que procuran las tinieblas
del antro en su cúspide de glorias.
En este orden de ideas, Jung llegó a una denición crucial para nuestro
tiempo: el «inconsciente colectivo», pero pudo alcanzar tal nivel, partiendo
del origen y n de todos los seres creados (pleroma). De esta manera avizoró
el gran almacén de la historia, inserto en los cerebros humanos. Por ello, com-
prendió la enorme necesidad de despatologizar el psiquismo, frente al cruento
sufrimiento emocional, desde el canal mismo del nacimiento; lo que evidente-
mente ha desarrollado en la historia de la humanidad, esos impulsos agresivos
que se han erigido como una conducta colectiva, igualmente agresiva.
Finalmente, todos nuestros esfuerzos deben estar dirigidos por el impulso
del mundo interior del ser humano; es decir, su desarrollo psicoespiritual a
n de aminorar al máximo, la presencia de espíritus estrechos, anando de
esa manera esos territorios ignotos del cerebro, que sin lugar a dudas es el
estratega natural de la consciencia universal.
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