
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N°9/ Enero-Junio 2017 / ISSN: 2343-6271
168
corpórea. Asimismo, aunque no hayamos viajado a otros países, “todos” re-
conocemos por medio de las redes sociales, destinos lejanos, monumentos o
situaciones que en otro momento hubiese sido casi imposible.
De esta manera, los universos cticios y los simbólicos se superponen en
las series de tv o con la rapidez de los modernos medios de transporte, dando
paso a la proliferación de los no lugares como elementos fundamentales, sino
necesarios para la circulación de personas, tal es el caso de los centros comer-
ciales. Por último, la tercera transformación tiene que ver con el ego del indi-
viduo, enmarcado en sistemas de representación que dan vida a las categorías
de identidad y alteridad, así como a la individualización de las referencias.
Ahora bien, continuando con la caracterización del etnólogo, en este mar-
co de ideas el lugar común de este es el lugar nativo, en el cual se trabaja y
el cual deenden. El etnólogo, forma parte de ese lugar nativo, en el cual se
trabaja y el cual deenden, forman parte de ese lugar y de allí surge la impor-
tancia de los relatos fundacionales evidenciando la identidad del lugar como
representación de la identidad del grupo. Es así como, por ejemplo, al anali-
zar un cadáver encontrado en un lugar determinado, el antropólogo toma en
cuenta aspectos como la vestimenta del sujeto, ofrendas, características del
entierro para dar explicación a su identidad étnica.
Las evidencias anteriores, para Mauss, señalan entonces, el objeto de es-
tudio del etnólogo: las sociedades localizadas en el tiempo y en el espacio,
es decir, cultura, sociedad e individuo. Los lugares, por su parte, tres rasgos
comunes identicatorios relacionados e históricos. El plano de la casa, las re-
glas de la residencia, los barrios del pueblo, los altares, las plazas públicas, la
delimitación de la tierra corresponden para cada uno a un conjunto de posi-
bilidades, prescripciones o prohibiciones con contenido espacial y grupal. El
habitante del lugar antropológico vive la historia. Se expresa por otra parte,
la idea de que el cuerpo humano es concebido como una porción del espacio,
con sus fronteras, sus puntos vitales, sus debilidades, su coraza y sus defectos.
Con el propósito de validar esta postura, vale el ejemplo de las creencias
de algunos pueblos africanos, los cuales arman la existencia de “otro yo”,
representado por la sombra que cada hombre proyecta ante la luz. Sin duda,
esta idea, ha sido fuente para el desarrollo de innumerables relatos que alre-
dedor del mundo narran la experiencia del “alter ego”, como una forma de
alteridad en textos de cción literaria. Este aspecto se inscribe en el hecho
siguiente: sobre el cuerpo humano se desarrollarán los efectos acerca de la