Recibido: 21/08/2015
Aceptado: 09/11/2016
* Docentes e investigadores de la Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt”, sede
Trujillo. Adscritos al Laboratorio de Investigaciones en Ciencias Sociales y Productivas de la
Región Andina (LICSPRA).
Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N°9 / Enero-Junio 2017, pp. 163-174
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
Interpretación desde el contexto social
del texto “Los no lugares, espacios del
anonimato” de Marc Au
Jesús BRICEÑO*, Karla ALTUVE*
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
Introducción
A manera de preámbulo es inquietante observar como pareciera que al
transcurrir el tiempo los seres humanos nos estamos volviendo más solitarios,
ajenos al dolor y situación de nuestros países hermanos, e incluso de nuestra
propia Venezuela. Los avances en materia tecnológica, los adelantos cientí-
cos, en lugar de ayudar a unirnos, es como si nos alejara de nuestra propia es-
pecie, de nuestros seres queridos, si no pues, observemos las familias de hoy;
ya no se sientan juntos a comer en familia, a dialogar sobre ¿cómo les fue en
los colegios o jornadas laborales? Aunado a esto vemos como la televisión, la
internet y videojuegos violentos han ido reemplazando a los padres, o como
estando juntos en el hogar recurrimos muchas veces a escribirnos por mensa-
jes de texto. Es evidente entonces que cada vez esta sociedad se está volviendo
más fría, consumista, materialista y desconocedora de sus lugares y su gente.
Marc Augé, en: “Los no lugares, espacios del anonimato, realiza un re-
corrido a través de la visión conceptual de la antropología, la etnología, la
historia y el arte expresado de forma reiterada en la visión de grandes escri-
tores de la talla de Frazer, Foucault, Merleau-Ponty, Baudelaire, Joyce, entre
otros; para poner en evidencia la deshumanización y alienación señalada al
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nal del texto con la mención de Kaa. En este orden de ideas, se estructura
un discurso que deja al descubierto el tránsito de la modernidad hacia lo que
Augé denomina: “sobremodernidad. En efecto, el avance y desarrollo de las
sociedades ha conducido a una especie de desgaste de la identidad individual
y a la vez colectiva de los hombres.
De acuerdo con esto, se vive de forma apresurada sin detenerse a con-
templar la signicación del “paisaje real”, por ejemplo, o a valorar lo que está
detrás de los nombres de monumentos, calles, esquinas o ciudades. Todo se
ha vuelto una experiencia virtual que se vive por medio de imágenes repre-
sentadas en aches, vallas o pantallas. Asimismo, ya dejamos de ser y de vivir
como miembros de un colectivo para pasar a ser un número (del documento
de identidad, visa, pasaporte, boletos o tarjetas de crédito). Se siguen ins-
trucciones, señales o prohibiciones de tránsito sin percatar la signicación de
los lugares reales, pasando entonces a circular y frecuentar los no lugares, los
cuáles han ido sustituyendo aceleradamente lo real.
Es así como se hace presente la alteridad ya planteada en literatura como
“la puesta en escena del otro, en función de alternativas como la presencia del
otro que aniquila y se apodera del yo, emergiendo de lo absurdo, de la dicoto-
mía vigilia-sueño, el mal en todas sus manifestaciones o el erotismo propuestos
como parte de la sobremodernidad en espacios que siguen como palimpses-
tos, reescribiéndose sobre la base del pasado, en este caso de la modernidad.
Volviendo la mirada al pasado como “objeto de estudio de la historia, tal
como lo plantea Augé, en benecio de la etnología que “estudia el presente”,
surge la reminiscencia de culturas lejanas del África, ajenas a la globalización,
en donde el lugar de nacimiento constituye una experiencia que marca y la
muerte un hecho considerado como la pérdida de una biblioteca.
De la misma manera, los rituales que enmarcan ciertas culturas son cada
vez más escasos. Igual sucede con la referencia a la fundación de las ciudades
que conllevan la rearmación de los poderes políticos y religiosos marcando
hechos y sucesos que son parte de la vida, además de la historia de pueblos
y de hombres. Al comparar estas evidencias con la costumbre cada vez más
frecuente de designar a las calles con números, estamos en presencia de una
especie de oquedad, pues a pesar de del ruido vivimos sumergidos en la publi-
cidad impuesta por los diferentes medios de comunicación y a la asociación
de los centros de poder con edicios como: el pentágono, la Casa Blanca o
Rosada por citar solo algunos ejemplos.
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En efecto, habitamos cada día más los no lugares, y estos han ido desplazan-
do el encuentro cotidiano con vecinos y amigos a las puertas de las casas, plazas,
iglesias o cafés, pues el no lugar también ha ido desplazando nuestra identidad
y sentido de pertenencia. Estas reexiones han causado controversias en todos
los campos de reexión y el resto de actividades humanas que demandan el uso
del raciocinio. La postmodernidad se ha sembrado en todas las ciencias y ha
engendrado varias incógnitas a las cuales no podemos cerrar los ojos o “hacer
de la vista gorda” como popularmente se le dice; entre estas interrogantes nos
encontramos con
¿será posible que la transculturación este acabando con las
identidades de nuestros pueblos? ¿Las sociedades modernas se han conver-
tido en collages culturales? ¿Existirán las identidades colectivas?
Después de lo anterior expuesto es necesario responder a esas preguntas
sustentando las respuestas con el texto de Marc Augé de los “No Lugares” y
otros autores que se mencionaran en el desarrollo de este ensayo y que de al-
guna manera describen ese proceso de deshumanización, egoísmo, irrespeto y
aislamiento personal, por mencionar algunos ha sufrido la “humanidad” estos
textos dan pie a interpretar y observar la realidad estableciendo comparacio-
nes con la vida cotidiana y hacen que las personas valoren o valoremos las pe-
queñas cosas y situaciones de la vida. Cada momento junto a tus seres queridos
es único e irrepetible, así que no malgastes tú paso por estos senderos de la
vida, aprovecha cada instante como si fuera el último, junto a los que amas.
Cuerpo teórico reexivo
De acuerdo con los razonamientos que se han ido realizando, los no luga-
res son los “espacios” caracterizados por la soledad de los movimientos ruti-
narios y acelerados de los ciudadanos como una especie de transito continuo.
Considerados como una serie de itinerarios personales pero que a su vez son
pasos perdidos entre la muchedumbre que avanza en las grandes ciudades, en
una serie de encuentros y desencuentros en autopistas, carreteras, aeropuer-
tos, andenes, supermercados o salas de espera.
Los lugares por su parte, serían los espacios de la ciudad con identidad e
historia, lugares de la memoria inscritos en pueblos, caseríos o centros urba-
nos antiguos, en los que todos sus habitantes y transeúntes intercambian pa-
labras, ideas o experiencias cotidianas, dejando de lado la soledad y asegurán-
dose la humanidad. Los lugares así descritos, son aquellos donde lo familiar,
lo activo y animado se juntan en el encuentro de las puertas de las casas, en la
iglesia o bar de todos los días, dando lugar así a la asiduidad y sustituyendo lo
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furtivo y lo casual. Es así como las actividades cotidianas uyen en el espacio
de lo público reivindicando la historia y creando identidad.
En este sentido, las calles por las que a diario se transita dejan de ser es-
pacios casuales, para revivir historias, pues son testimonio vivo del pasado, la
añoranza, la memoria y los recuerdos justicados a su vez, por el nombre de
calles, esquinas o lugares comunes. Es así como cuando se cambia un nombre
se produce una desconexión y una ruptura que transgrede la memoria colec-
tiva. En función de lo expuesto, surge una interrogante o mejor una preocu-
pación: ¿cómo sería posible transformar un no lugar, como, por ejemplo, las
vías de tránsito terrestre en un espacio donde a través de la tecnología y redes
sociales, se establezca una vía de relaciones?
No obstante, surge la necesidad de referir que se pueden compartir horas
de camino en auto, tren, bus, avió u otro medio; pero también viajar a los
lugares de origen a través de las vivencias, olores, sabores, experiencias y re-
cuerdos gratos o no; proyectando con ello la imagen del lugar y estableciendo
que cada individuo tiene una mirada diferente de los espacios en función de
las vivencias particulares y constituyéndose así, según Augé en turistas de lo
íntimo. El espacio, visto de esta manera, se reinventa y se muestra en proceso
de cambio constante. De esta manera, al hacer un ejercicio de memoria acerca
de los lugares en los cuáles vivimos proyectamos nuestra historia de alguna
manera, y a la vez contribuimos a la memoria colectiva.
Se explica, entonces, que cada individuo con su historia personal, pue-
de mediante las nuevas tecnologías, agregar nuevos no lugares también a la
existencia social o potenciar los ya existentes. En consecuencia, las redes so-
ciales, en este momento brindan la oportunidad de convertirnos en actores
de la trama urbana y no solo ser observadores externos del espectáculo que
la ciudad ofrece; compartiendo el espacio público, asistiendo a eventos ritos
y ceremonias; bautizos, aniversarios, bodas, graduaciones, entre otros, y otra
aclaratoria de vida se va agregando a la actual juntando entre todos los usua-
rios puntos de referencia característicos e identicatorios de cada ciudad,
pueblo, región o circunstancia.
De esta forma, el lugar no queda completamente borrado y el no lugar
jamás llega a edicarse de forma denitiva. Entre los planteamientos desta-
cados hasta aquí hay que considerar que todas las formas institucionales que
hacen posible la vida social hoy día como el trabajo asalariado, el deporte, el
espectáculo y los medios masivos de comunicación desempeñan alrededor
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del planeta un papel cada vez más protagónico. Al mismo tiempo, tal como lo
plantea Levy- Strauss el mundo moderno se presta no solo al estudio de la his-
toria sino a la etnología, en tanto observación sin confundir su método con
su objeto de estudio, teniendo claros tanto sus ventajas como sus limitantes.
En consecuencia, el etnólogo, según lo señala Augé se convierte en agri-
mensor social de lo manipulador de escalas. Y en este sentido, tal como lo
postula Dumont, cada vez que naliza una investigación aparecen como re-
sultados nuevos objetos de estudio. En lo que podemos denominar la an-
tropología del aquí y del ahora. Dentro de esta perspectiva, la investigación
antropológica que trata el problema del otro desde el punto de vista del no-
sotros como, por ejemplo: franceses, europeos u occidentales, o tomando en
cuenta lo étnico o cultural como: la herencia, el parentesco o liación, mar-
cando así la presencia de un elemento o liación. Marcando así la presencia
de un elemento importante del cual se ocupa la antropología: la alteridad
esencial. A esta se le debe el conocimiento de sociedades lejanas y al descubri-
miento de que lo social comienza con el individuo.
En consonancia con lo anterior es posible suponer que la antropología
hace una reexión renovada y metódica de la alteridad a través de tres trans-
formaciones: Una primera transformación referida al tiempo, en cuanto a su
percepción y al uso que hacemos de él pero también, al cómo disponemos de
él. En lo que a este aspecto se reere, es oportuno el señalamiento de Fontene-
lle y a sus dudas con respecto a la historia en cuanto a su método “anecdótico
y poco seguro, y a su objeto, según su opinión “del pasado.
Por otra parte, es preciso acotar también en relación al tiempo la sensi-
bilidad de la sobremodernidad, para la cual una moda es equivalente a otra
y de esta forma, los años 60, los 70 o los 80 se vuelven historia en el mismo
momento en que aparecieron y entonces se percibe a la historia como a la
muerte que nos acecha y como una suma de acontecimientos reconocidos
por muchos como la guerra de Vietnam, el fenómeno de los Beatles, la caída
del Muro de Berlín, entre otros. El hoy en el momento que ocurre se transfor-
ma en ayer y el futuro cede paso al presente.
La segunda transformación es propia del mundo contemporáneo y co-
rresponde al espacio, en este sentido la idea del achicamiento del planeta sur-
ge en correspondencia no solo del aumento demográco, sino que, a través
de la tecnología, una noticia, llega al instante a todo el planeta, haciendo más
corto el trayecto y acercándonos más al momento en una experiencia extra-
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corpórea. Asimismo, aunque no hayamos viajado a otros países, “todos” re-
conocemos por medio de las redes sociales, destinos lejanos, monumentos o
situaciones que en otro momento hubiese sido casi imposible.
De esta manera, los universos cticios y los simbólicos se superponen en
las series de tv o con la rapidez de los modernos medios de transporte, dando
paso a la proliferación de los no lugares como elementos fundamentales, sino
necesarios para la circulación de personas, tal es el caso de los centros comer-
ciales. Por último, la tercera transformación tiene que ver con el ego del indi-
viduo, enmarcado en sistemas de representación que dan vida a las categorías
de identidad y alteridad, así como a la individualización de las referencias.
Ahora bien, continuando con la caracterización del etnólogo, en este mar-
co de ideas el lugar común de este es el lugar nativo, en el cual se trabaja y
el cual deenden. El etnólogo, forma parte de ese lugar nativo, en el cual se
trabaja y el cual deenden, forman parte de ese lugar y de allí surge la impor-
tancia de los relatos fundacionales evidenciando la identidad del lugar como
representación de la identidad del grupo. Es así como, por ejemplo, al anali-
zar un cadáver encontrado en un lugar determinado, el antropólogo toma en
cuenta aspectos como la vestimenta del sujeto, ofrendas, características del
entierro para dar explicación a su identidad étnica.
Las evidencias anteriores, para Mauss, señalan entonces, el objeto de es-
tudio del etnólogo: las sociedades localizadas en el tiempo y en el espacio,
es decir, cultura, sociedad e individuo. Los lugares, por su parte, tres rasgos
comunes identicatorios relacionados e históricos. El plano de la casa, las re-
glas de la residencia, los barrios del pueblo, los altares, las plazas públicas, la
delimitación de la tierra corresponden para cada uno a un conjunto de posi-
bilidades, prescripciones o prohibiciones con contenido espacial y grupal. El
habitante del lugar antropológico vive la historia. Se expresa por otra parte,
la idea de que el cuerpo humano es concebido como una porción del espacio,
con sus fronteras, sus puntos vitales, sus debilidades, su coraza y sus defectos.
Con el propósito de validar esta postura, vale el ejemplo de las creencias
de algunos pueblos africanos, los cuales arman la existencia de “otro yo,
representado por la sombra que cada hombre proyecta ante la luz. Sin duda,
esta idea, ha sido fuente para el desarrollo de innumerables relatos que alre-
dedor del mundo narran la experiencia del “alter ego”, como una forma de
alteridad en textos de cción literaria. Este aspecto se inscribe en el hecho
siguiente: sobre el cuerpo humano se desarrollarán los efectos acerca de la
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construcción de tumbas, lo cual logra, de alguna manera, la transformación
del cuerpo en monumento.
Las evidencias hasta aquí mencionadas, contrastan en algunas civilizacio-
nes, en las cuales el cuerpo posee un doble (sobre todo en el caso del rey, mo-
narca o alta dignidad que ostente el poder; son redundantes las asimilaciones
que hasta hoy día permanecen como medidas de seguridad en torno a altos
dignatarios) en otras referencias y contextos, el cuerpo puede ser sustituido
por un objeto como el trono o la corona. En la actualidad surgen parecidos
asombrosos con respecto a presidentes como Obama, líder de Estados Uni-
dos, que se desplaza en un vehículo denominado “la Bestia, el avión o he-
licóptero donde también se moviliza son referentes personalizados y hasta
existen réplicas o señuelos.
Todo esto, siguiendo una especie de dualidad: pasividad-masividad del sobe-
rano, a lo que Frazer y Durkheim aluden como rasgos comunes a dinastías ale-
jadas unas de otras no solo en tiempo sino también a nivel espacial como Japón,
África, México, China, solo por citar algunas. Dentro de esta perspectiva, la casa
Blanca o el Kremlin son a su vez, hombres y estructuras de poder mundial. Por
otra parte, asociamos el nombre de un país a su capital y a esta por el nombre
del edicio que ocupan sus gobernantes. El lenguaje político, a su vez, es espacial
(grupos de derecha, de izquierda, de centro-derecha o centro-izquierda).
En este orden y dirección se hace necesario recordar que las ciudades incluyen
siempre un “centro, donde se agrupan monumentos, la autoridad religiosa “iglesia
la autoridad civil “ayuntamiento o prefectura, generalmente ubicadas alrededor
de la plaza principal del lugar, y además, se erige en las cercanías, un monumento
(estatua, pedestal, ícono, obelisco, entre otros), en homenaje a un héroe o aconte-
cimiento importante o como conmemoración histórica. Esta alusión, al tiempo y a
los lugares antiguos, constituye una forma de nombrar el espacio presente.
En referencia a los antecedentes explicados, la modernidad coloca en un
segundo plano a los lugares antiguos. Surge entonces, que, si un lugar no pue-
de denirse ni como espacio de identidad, ni relacional, ni histórico, denirá
un no lugar, es decir, un espacio que no es antropológico, ni antiguo. Los
lugares y no lugares son una especie de palimpsestos, sobre los cuales se conti-
a escribiendo e inscribiendo, sin cesar el juego de la identidad y la relación,
pero siempre dejando inmersas múltiples lecturas que subyacen cargadas de
intertextualidad e innumerables referentes signicativos, que señalan a los no
lugares como medida de una época.
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Al respecto, ya Michel de Certeau, habla del no lugar en términos nega-
tivos “ausencia de lugar, los nombres crean no lugares en los lugares porque
no les pertenece, no hay relación entre ellos. El espacio del viajero es, en con-
secuencia, el arquetipo del no lugar. La abolición del lugar es la culminación
del viajero. Por su parte, Baudeleire no pone en coexistencia de la antigua
religión, o poder absoluto de la conciencia individual como forma moderna
y extensa de la soledad. De esta manera, se establece un doble aspecto de la
modernidad: “la pérdida del sujeto en la muchedumbre o, a la inversa, el po-
der absoluto reivindicando por la conciencia individual”.
Para explicar de forma gráca, lo propuesto por Baudelaire, representante
del simbolismo francés, incluido en el grupo de los poetas malditos; es preci-
so determinar en un primer plano al observar una pintura existe una mirada,
pero detrás de esta, a mayor distancia, “otro yo, constituye, una segunda vi-
sión. De acuerdo con esto, para poder precisar los conceptos de no lugar en
la sobre modernidad, es necesario acotar la relación que con el espacio man-
tenían algunos de los representantes de la modernidad en arte, debido a que
el vinculo de los individuos con su entorno pasa por las palabras se asocia con
la impresión que causan las palabras se asocia con la impresión que causan las
fotos o imágenes.
Es así como ciertos lugares no existen sino por las palabras que los evocan.
Lugares imaginarios o utopías son lo contrario del no lugar según Certeau.
Pero los no lugares tienen también su espacio en las palabras a través de textos
que dictan indicaciones por medio de señalizaciones en las carreteras, prohi-
biciones (no usar el celular mientras se conduce o dentro de las instalaciones
bancarias, aviones; o informaciones diversas, por ejemplo vallas comerciales
o avisos contentivos de mensajes como: está llegando usted, a la ciudad de…
cuna de…) personajes ilustres, o de algún producto conocido convirtiendo el
paisaje en texto y apropiándose de este.
En relación con los anteriores planteamientos es necesario aprender a
conocer acerca del mundo en el que vivimos y la gran variedad de especies
animales y vegetales con la que convivimos y no hemos podido apreciar
debido a que nos encajonamos en la rutina y monotonía, en el consumismo
y materialismo que van carcomiendo las bases de la sociedad y nos aleja de
lo que en realidad es importante como el amor, la empatía, solidaridad,
la lealtad, la comunicación, la conanza, afecto, delidad, compañerismo,
entre otros.
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Por otra lado, para comprender los giros que está dando la humanidad
Marc Augé hace alusión a algunas ciencias como la antropología, etnología
y la historia, asimismo hace hincapié en la tradición oral, en lo diacrónico
y sincrónico que no son otra cosa más que el tiempo y el espacio, pero que
estos vinculados a las ciencias antes mencionadas que se volcaron a estudiar
las sociedades modernas, lo cercano nos arrojan que la humanidad ha ido
adoptando otras culturas, muchas veces erradicando la suya propia y respon-
diendo una de las interrogantes que surgieron líneas atrás.
¿Será posible que la transculturación este acabando con las identidades
de nuestros pueblos?
Con referencia a la pregunta anterior y según lo leído e interpretado en
el texto de Augé, es evidente que una sociedad que va recibiendo inuencia
de otras culturas tiende a transformar su propia cultura y muchas veces va
conduciendo ese legado a la extinción, ¿cuántos jóvenes hoy día en el caso de
Venezuela conocen acerca de su legado histórico cultural? ¿Conocen acaso la
música típica de cada región del territorio? o simplemente saben ¿que simbo-
liza cada estrofa del himno Nacional? Estas inquietudes son material impor-
tante para debatir en las aulas de clases e incluso es una reexión para que el
sector educativo vaya reforzando en las instituciones a través de las cátedras
que se imparten el gran acervo o legado histórico cultural que nos identica
como venezolanos, esto nos lleva a la mirada pluriversal de la cultura.
¿Las sociedades modernas se han convertido en collages culturales?
Para responder esta premisa es indispensable analizar la siguiente cita:
(…) Las distancias se acortan, el contacto intercultural es cada vez
más frecuente y tanto los lugares como los no lugares pertenecen al
mismo mundo enrevesado según el cual, el aquí y el afuera de los que
hablábamos (…) no son ni tan exóticos ni tan cercanos como antaño
pudieron parecer sino todo lo contrario. Estos lugares de la diversi-
dad se han denominado collages culturales y su peculiaridad es que
ofrecen lo mismo a diferentes grupos étnicos (Pérez, 2004:152).
A los efectos de este no es un secreto para nadie que la civilización ha pa-
sado por innidad de cambios al transcurrir los años y parte de este proceso
de cambios los impulsa la misma sociedad e inclusive cuando las personas mi-
gran de un país a otro estos tienden a inuir en la cultura de ese país o a reno-
var las tradiciones, cambiarlas o incluso van reemplazando las ya existentes.
De aquí repercute la importancia de que el acervo cultural de los pueblos no
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muera o se extinga, simplemente seguirlo difundiendo mediante la tradición
oral, ya que mediante la oralidad señala Linares (2016:1), se difunden los
saberes populares y se escribe la historia regional que es el legado de nuestros
pueblos, esto nos lleva a la deducción de que, en lugar de rescatar nuestra
cultura, esta ha ido moldeándose conduciendo a la sociedad moderna a con-
vertirse en pueblos sin identidades.
Tal como se ha visto, la sociedad moderna es cambiante por la gran diversidad
cultural que posee, esto de alguna manera puede ser favorable, pero por otro lado
según Augé las personas ya no son tan unidas como en tiempos anteriores si no
que ahora estamos llenos de personas individualistas que solo quieren los bene-
cios para ellos mismos, sin importarles la sociedad en la que habitan.
¿Existirán las identidades colectivas?
Según Pérez (2004:152) no hay identidades colectivas sino soledades in-
dividuales, cada persona es un mundo y todo el mundo está de paso, nadie
tiene tiempo más que el tiempo presente. Nadie piensa en el futuro, solamen-
te en el ahora, es por ello que el sentido de pertenencia de las personas se ha
ido perdiendo y a pesar de tener amistades y compartir un mismo espacio,
nadie hace nada por mejorar en colectivo si no que cada día piensan es en los
intereses individuales.
Si un lugar puede denirse como lugar de identidad, relacional e
histórico, un espacio que no puede denirse ni como espacio de
identidad ni como relacional ni como histórico, denirá un no
lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es
productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí
lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad
baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados,
clasicados y promovidos a la categoría de lugares “de memoria,
ocupan allí un lugar circunscripto y especíco (Augé, 2000:44).
Conclusiones
La expresión “no lugar” abruma por su carga losóca. Si se habla de arriba
se supone el abajo y por supuesto, la gama de ambivalencias que este tipo de opo-
siciones suscita. En este ensayo, se plantea de la mano de Marc Augé y su texto:
Los no lugares, espacios del anonimato. Esta referencia, sin embargo, se bosqueja
desde la consideración de la antropología, etnología e historia tomando como re-
ferencia la modernidad y la sobremodernidad. Pero vinculando estas, con el arte
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en todas sus manifestaciones, sobre todo a la literatura en el marco de escritores
como Baudelaire, Joyce, Frazer, Levy Strauss, Kaa, entre otros.
Conceptos como la alteridad, marcan la presencia de nuevas ideas que en
este momento están asociadas con la sobremodernidad y a la vez, vienen tra-
bajándose desde la modernidad conducidas por una dualidad yo/otro, se pre-
senta la deshumanización, el desarraigo, la cosicación del ser humano cada
vez más solo en un mundo que se achica a diario a merced de los medios de
comunicación masiva que en todas sus manifestaciones han invadido hasta
los espacios más privados. Mientras los no lugares abundan y crecen día a día,
los lugares van dejando de ser los espacios del acercamiento, de la identidad y
memoria colectiva transformándose en lo desconocido a pesar de transitarlos
a diario, porque la prisa con la que transitamos nos invade. Solo nos queda,
como bien lo dijo Samuel Beckett, citado por Manguel (2002:33), “Restau-
rar el silencio es la función de los objetos, instaurar la comunicación con
ellos es nuestra tarea.
Asimismo, el avance constante de las sociedades ha producido inevita-
bles cambios en los seres humanos, Cambios que podrían considerarse como
avances o retrocesos de acuerdo a la óptica con la cual se observen. El precio
a pagar por las comodidades del mundo moderno suele ser muy pesadas si
se considera como a partir del progreso se han relegado y quedado atrás los
valores que por muchísimo tiempo mantuvieron cohesionadas las diferentes
estructuras sociales. Entre ellas, una de las más importantes: la familia, auto-
res a favor o en contra del progreso sobre todo en materia tecnológica sobran,
claro está, las comodidades y confort que las innovaciones han traído a la vida
cotidiana son múltiples, sobre todo en el campo cientíco, educativo, médi-
co, por solo citar unos ejemplos… sin dejar de mencionar el ahorro de tiempo
y energías en el trabajo diario, sin embargo, la tecnología ha creado adictos.
Las personas no pueden mantener una conversación sin estar pendientes
del celular, tampoco pueden despegarse de las redes sociales, las cuales au-
mentan cada día, las tertulias familiares han sido desplazadas por juguetes y
juegos electrónicos los cuales contienen muchas veces una carga de conteni-
dos violentos o con contenidos o ideologías que sin la supervisión adecuada
ocasionan y conducen a trastornos de la personalidad, generando cada día
más un distanciamiento en las relaciones interpersonales en las creencias y
normas de vida y conducta fundamentales para mantener los principios, el
orden y el equilibrio fundamental entre el cuerpo físico, mental, emocional
y espiritual.
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En pocas palabras, mientras más tecnología surge los individuos se aíslan
cada vez más y se apartan de sus congéneres, en una extraña parodia de las
mejores películas y series de cine cción en las cuales el hombre queda bajo la
servidumbre de las máquinas. Es tiempo de reexionar, de avanzar con con-
ciencia siendo capaces de rescatar del pasado lo mejor y no dejarnos subyugar
por una nueva forma de dominación.
Referencias
Bibliográcas
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Gedisa, S.A. Barcelona.
GARCÍA CANCLINI, Néstor (2004). Diferentes, Desiguales y Desconecta-
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LINARES, Jored y otros. (2016). La Oralidad como Elemento del Rescate de
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Investigación del Proyecto Ciencias Sociales de la Universidad Nacio-
nal Experimental “Rafael María Baralt”, Trujillo, Venezuela.
MANGUEL, Alberto (2002). Leyendo Imágenes: una Historia Privada del
Arte. Bogotá: Grupo Editorial Norma.
PÉREZ, Sara (2004). Reseña de los “No Lugares” Espacios del Anonimato.
PASOS. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, vol. 2, núm. 1,
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