
Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 5 N° 10/ Julio-Diciembre 2017 / ISSN: 2343-6271
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vierte en un principio indispensable en su accionar para lograr la indepen-
dencia. Todo su accionar se va a desarrollar en torno a este objetivo.
Al no encontrar apoyo inglés en Jamaica se dirige a Haití donde llega el 31 de
diciembre de 1815. Su estancia en esta isla fue muy fructífera, encuentra un apoyo
incondicional del presidente Anne Alexandre Sabés Petión, este inuye grande-
mente en él, logró que incluyera en su proyecto la abolición de la esclavitud, esta
acción, aunque en su primer momento trajo consecuencias desfavorables, pos-
teriormente fue un elemento importante para lograr una verdadera integración.
Cuando regresó a su patria al decretar la abolición de la esclavitud el 6 de junio
de 1816, Bolívar sintió que los esclavos no querían la libertad, lo cual hace fracasar
su proyecto y nuevamente regresa a Haití donde volvió a encontrar el mismo apo-
yo del presidente. Su estrategia cambia momentáneamente, dirigirse a los llanos y
conquistar a los llaneros para la lucha, esa fuerza grandiosa que anteriormente en
manos de Boves y Morales respectivamente habían hecho tanto daño a las fuer-
zas revolucionarias, claro, su promesa a Petión no la olvidó, daría denitivamente
la libertad a los esclavos. Las fuerzas llaneras al mando de Páez constituirían un
componente indispensable en los combates de las huestes libertarias, en ellas se
encuentran el motor principal de los importantes triunfos alcanzados por Bolívar
entre 1816 y 1824 (entre otros, Boyacá, Carabobo, Junín, Ayacucho) .
La segunda etapa del proceso revolucionario será distinto, singular, sobre-
saltará su elemento popular unido al empuje de Bolívar por lograr la unidad
de todas las fuerzas patrióticas del continente en un ejército capaz, no solo de
alcanzar la independencia de todos los países de Suramérica, sino de conver-
tirse en el motor impulsor de la creación de la gran nación americana.
El 12 de junio de 1818 en correspondencia enviada al excelentísimo señor
supremo director de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, Juan Martin
Pueyrredón, el libertador agradece la ayuda prestada por este a Venezuela en
1816, pero no pierde la oportunidad de hablarle de la integración de los pue-
blos del sur de América donde le expresa:
(…) Una debe ser la patria de todos los americanos, ya que en todos he-
mos tenido una perfecta unidad”. Además, sentencia (…) el pacto ame-
ricano, que, formando de todas nuestras repúblicas un cuerpo político,
presente la América al mundo con un aspecto de majestad y grandeza
sin ejemplos en las naciones antiguas. La América así unida, si el cielo
nos concede este deseado voto, podrá llamarse la reina de las naciones, y
la madre de las Repúblicas (como se cita en Hidalgo, 2013: 72).