Perspectivas. Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura.
Año 6 N° 11 / Enero-Junio 2018, pp. 211-222
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
Recibido: 11/10/2016
Aceptado: 29/01/2017
* Psicóloga egresada de la URU. Magister en Docencia para Educación Superior (UNERMB).
Doctora en Educación (UNERMB). Docente adscrita al Programa Educación de la UNERMB
Epistemología del sur: de la emancipacn
política a la emancipación cognitiva
Rosaura ANDARA DE POLANCO*
Universidad Nacional Experimental “Rafael María Baralt
prof.rosauraandara@ gmail.com
Introducción
Desde que una de las mentes más brillantes de la psiquiatría, Sigmund
Freud publicara en 1905 su obra El Chiste y su Relación con el Inconsciente,
las ciencias humanas reconocen que el humor sirve para poner al descubierto
las incongruencias y equívocos de la realidad a simple vista ocultos, nebulo-
sos; así pues el humor exige del interlocutor para su compresión y disfrute
mirada acuciosa, razonamiento metacognitivo, transformándose por ello en
excelente recurso para la crítica social y la reexión epistémica. Todo lo antes
expuesto me lleva a iniciar esta breve disertación haciendo mención a una
historieta de la muy conocida: Mafalda, en la que puede observarse a uno
de los personajes, una niña llamada Libertad, colocando en la pared un ma-
pamundi al revés, Mafalda sorprendida trata de hacerle ver su error, a lo que
Libertad contesta con lo que bien podría resumir los principales planteos de
pensamiento decolonial.
La primera vez que tuve contacto con esta historieta fue por allá, por el año
de 1980, fecha en la que además escuché en las aulas de la Escuela de Filosofía
y Letras de LUZ, a un conocido catedrático, hablar acerca de las relaciones de
dominio que han existido a lo largo de la historia de América, entre lo que él
llamaba, los países del Norte y los países del Sur. Denía especícamente a Ve-
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nezuela como un país mono productor, mono exportador y dependiente (cien-
tíca, tecnológica, económica e ideológicamente). Debo confesar, que no me
hacía gracia sus palabras, no porque entendiera mucho de ellas (tan solo tenía 7
años), sino porque entre tantas cosas que dijo, armó que los padres no debían
permitir a sus hijos ver Plaza Sésamo (cual era mi programa favorito), debido
a que dicho programa infantil, y cito textualmente: “era un instrumento del
imperio norteamericano, del Tío Sam, para adoctrinar las mentes de los niños.
Mis encuentros cercanos del tercer tipo con el pensamiento decolonial queda-
ron grabadas en mi mente, tan solo como recuerdo ingrato de un pasado ausen-
te, hasta ser de nuevo confrontada por ellas, casi 35 años después, estas veces en
el Seminario de Epistemología del doctorado en Educación de la UNERMB;
a través de la lectura del libro: “Para descolonizar Occidente: Más allá del pen-
samiento abismal, cuyo autor es el sociólogo portugués: Boaventura de Sousa
Santos. Ahora bien, lo que más impacta de este relato es la vigencia, que aún 35
años después, sigue teniendo este argumento sociológico, que coneso en un
principio me pareció un tanto extemporáneo.
Figura 1. Crítica al Occidentalismo Europeo
Fuente: Google imágenes.
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De Mafalda a De Sousa
Propongo entonces para continuar con estas palabras, que en un acto de
profunda creatividad e imaginación, supongamos que a partir del 12 de oc-
tubre de 1492, la América toda contrajo una enfermedad llamada “Coloni-
zación, que ha durado más de 500 años, propagándose hacia todos y cada
uno de los sectores de la vida social, política, cultural, económica, espiritual y
cientíca de este continente; y cuyo síntoma principal ha sido la imposición
del imaginario europeo, entendiéndose por imaginario a las: “maneras de
pensar, actuar y sentir que existen fuera de las conciencias individuales y están
dotados de una potencia imperativa y coercitiva en virtud de la cual se im-
ponen a aquél, quiéralo o no” (Durkheim, 1968; Citado en Pintos, 1995:8).
De Sousa Santos (2010) habla de la existencia de un pensamiento abismal
para referirse a una especie de construcción cognitiva dicotómica en la cual
hay dos maneras de ver, conocer, ser, estar y convivir en el mundo, existiendo
en medio de estas un abismo que las separa, de tal manera que, una de ellas
desaparece como realidad, es decir, se convierte en no existente. Así pues, por
un lado, se encuentran la perspectiva de “los del Norte” o eurocéntrica; por el
otro, el punto de vista de las clases, de los pueblos y los grupos sociales (me-
tafóricamente llamados “los del Sur”) que han sido invisibilizados, excluidos,
explotados y oprimidos por los del Norte.
El pensador portugués aclara: “Sur” no se reere al Sur geográco, sino
que es una: “metáfora del sufrimiento humano injusto derivado del colonia-
lismo, el patriarcado y el capitalismo, que puede hallarse o no dentro del
Norte geográco, y que las Epistemologías del Sur, parten de este Sur anti
imperial. Continúa el autor diciendo que, también hay manifestaciones del
“Norte” dentro del Sur geográco, son las élites o grupos de poder que re-
presentan el “Sur” imperial. Así mismo, es posible hallar el Sur metafórico
dentro del Norte geográco personicado por lo que él denomina: el Tercer
Mundo interior de los Estados Unidos y de Europa (tal es el caso, por ejem-
plo, de los inmigrantes con documentos legales o sin ellos).
El autor plantea su tesis de las Epistemologías del Sur como una alterna-
tiva que contribuye al proceso de descolonización, ya que según él: “El co-
lonialismo no terminó con las independencias de Estado y cuando acabó el
colonialismo político, sigue adoptando muchísimas más formas, una de las
más graves, la colonización cognitiva, la imposición del imaginario social eu-
ropeo” (De Sousa Santos, 2012).
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Se puede armar, sin temor a equívoco, que no solo ha habido injusticia
social en estos 511 años de “enfermedad”, sino también injusticia cognitiva. Al
respecto De Sousa Santos (2012) asevera que: “Toda la construcción cientíca
de nuestro tiempo está basada en un epistemicidio, es decir, invisibilización,
deslegitimación, invalidación de otras formas de conocimiento, otras episte-
mologías, distintas al conocimiento hegemónico eurocéntrico. Esta forma de
asesinato epistémico ha sido uno de los pilares fundamentales que ha brindado
soporte al proceso de colonización, aún en nuestros días. Sin esta “mutilación
de otras realidades y/u otras perspectivas de la realidad, el conocimiento he-
gemónico no podría seguir siendo hegemónico, así pues, para desarticular el
aparataje que lo sostiene resultan indispensables las Epistemologías del Sur:
La injusticia social global está, por lo tanto, íntimamente unida a la
injusticia cognitiva global. La batalla por la justicia social global debe,
por lo tanto, ser también una batalla por la justicia cognitiva global.
Para alcanzar el éxito, esta batalla requiere un nuevo tipo de pensa-
miento, un pensamiento posabismal” (De Sousa Santos, 210:20).
Una de las críticas que este profesional de la sociología hace al pensamien-
to abismal eurocentristas, se reeren a los límites tanto internos como exter-
nos de la ciencia positivista, resumibles en los siguientes puntos:
Censura a la distinción falsa entre sujeto y objeto (al observar los fe-
nómenos los cambiamos).
Detracción de la neutralidad axiológica de la ciencia, la cual asume
que, ésta no es buena ni mala, pues todo depende de cómo se utili-
ce. De Sousa Santos sostiene al respecto que, la ciencia no es neutral,
pues sirve siempre a unos intereses reconocidos o no, y, generalmente,
estos son los intereses de los grupos de poder (político, económico,
religiosos). A la par, hay que acotar que, amparado en esta neutrali-
dad, se han cometido los mayores atropellos contra los recursos natu-
rales, materiales y humanos. De más está decir que esto de racional no
tiene nada, y mucho menos de neutro, por lo menos, no para los más
afectados (campesinos, indios y demás minorías étnicas).
Un argumento lógico que demuestra la imposibilidad de la neutralidad
axiológica defendida por la ciencia positiva es el hecho de que, de acuerdo
con los conocimientos aportados por la neurociencia cognitiva, el cerebro no
es solo racional sino también emocional. Sabemos gracias a Daniel Goleman
(1995), que razón y emoción son inseparables desde el punto de vista bioquí-
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mico. Partiendo de ello cabría preguntarse: ¿Cómo hacen los cientícos para
despojarse de las emociones si en cada juicio que emiten, en cada idea que
piensan, los químicos cerebrales de la emoción van implícitos, quiéranlo o
no? Bueno, no faltarán quienes en una fantasía surrealista habrán considera-
do la posibilidad de hacerse un “lavado de cerebro, pero aún si eso fuera una
opción viable, no implica necesariamente que sea la más idónea, ¿Cuál sería
entonces la diferencia entre un cientíco y un psicópata? Me enseñaron en
la escuela de Psicología, durante mis estudios de pregrado, que un psicópata
era, por denición, una persona incapaz de sentir culpa, vergüenza o remor-
dimiento a pesar de tener consciencia del daño causado a terceros porque
posee un juicio moral debilitado. Las emociones propician comportamientos
éticos, sin ellas ¿qué queda de humano en el hombre? No caigamos en la
trampa de pretender separar artícamente lo que nuestra biología unió.
Otra crítica hecha por De Susa Santos al pensamiento abismal, se reere
al mito del saber descontextualizado y la existencia de verdades universales.
Sobre este tópico enuncia:
…la ciencia se niega a admitir su propia inconsistencia, y esa es re-
conocer que sí tiene su propio contexto, y ese contexto es, no tener
contexto. Si salimos de ese contexto (contexto del saber descontex-
tualizado) todo cuanto arma la ciencia moderna pierde validez”
... “El saber descontextualizado busca verdades universales pero
este mito de la verdad universal solo es sostenible desproveyendo
a la realidad de contexto…Es fácil admitir la universalidad en el
conocimiento cuando no nos atrevemos a ver los sectores de la rea-
lidad que la contradicen (De Sousa Santos, 2012).
Por otra parte, cavilando sobre la universalidad de la ciencia me cuestio-
no: si ciencia es un invento de los europeos (digo esto porque algunos autores
arman que si queremos reconocer como válidas otras formas de saberes, de-
bemos darle otro nombre, porque ciencia es lo que está establecido y punto,
no se discute más), ¿será entonces la ciencia verdaderamente universal? Si
solo un grupo (los europeos) tiene potestad para denir lo que es o no cien-
cia; entonces la ciencia no es universal, y; si es universal, no es solo del domi-
nio europeo. ¿Cómo acordar lo que es o no es ciencia? ¿Por mayoría?, a veces
la mayoría no tiene la razón, por eso el principio democrático que enuncia:
“las minorías también deben ser escuchadas, y es exactamente eso lo que pro-
ponen las Epistemologías del Sur. ¿Estará siendo entonces la ciencia moderna
democrática o simplemente otra forma más de dictadura?
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En cuanto a los límites externos de la ciencia moderna eurocéntrica, su crí-
tica más acérrima concierne a la incapacidad para responder a ciertos temas
que son ignorados y excluidos como objeto de estudio, simplemente porque
no les puede dar respuesta siguiendo los pasos de “El Método, en consecuen-
cia, se les declara como superstición u opinión subjetiva. Esto, a juicio del
citado autor, origina lo que Ortega y Gasset (1987: 39. Citado en De Sousa
Santos, 2010) denominaron: Pensamiento Ortopédico, es decir: constreñi-
miento y empobrecimiento de la realidad causado por la reducción de los pro-
blemas a marcos analíticos conceptuales que le son extraños. Sobre ello opina:
En su origen, la ciencia tuvo plenamente conciencia de que los pro-
blemas más importantes de la existencia se le escapaban, por ejem-
plo, de tal envergadura, el problema de la existencia de Dios, el
problema del sentido de la vida, el problema del modelo o modelos
de una buena sociedad, el problema de la felicidad, el problema de
las relaciones entre los hombres y las otras criaturas que, no siendo
humanas, compartían con los hombres la dignidad de ser igual-
mente creaciones de Dios. Estos problemas convergían en otro
mucho más dilemático para la ciencia: el problema de que la cien-
cia no puede dar cuenta del fundamento de su cienticidad, de la
verdad cientíca en cuanto verdad (De Sousa Santos, 2010:53).
Como conclusión lógica de lo expuesto en el párrafo anterior se puede ar-
mar que el discurso de la ciencia moderna se ha agotado gracias a los límites
autoimpuestos, sus propias fórmulas la han invalidado a juzgar por los aconte-
cimientos históricos del presente siglo, la ciencia eurocéntrica ha quedado im-
posibilitada para dar respuestas a la realidad europea más inmediata (colapso de
sus sistemas políticos, económicos y sociales). Tal es el caso, por ejemplo, de las
viudas blancas de Bolonia, símbolo representativo del fenómeno social vivido
en Italia en el 2012, fecha en la cual se observó un crecimiento exponencial de
la tasa de suicidios de ciudadanos italianos (en su mayoría pequeños empresa-
rios, artesanos y comerciantes), los cuales ante la imposibilidad de enfrentar sus
compromisos adquiridos con el sco, se inmolaron. Así pues, el discurso mo-
derno prometió el alcance de la felicidad y la libertad a través de sus lógicas ins-
trumentales, pero, al parecer esta fórmula no ha hecho al hombre ni más libre,
ni más feliz, se necesita entonces otra lógica, otra racionalidad no divorciada de
la sensibilidad, que nos conduzca a nuevas formas de convivencia y civilización.
Una vez que queda evidenciado los síntomas de esta enfermedad llamada
Colonialismo Epistémico, y siguiendo con esta metáfora de la metáfora, resulta
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necesario preguntarse por una solución, ¿cuál será la “cura” para esta enfermedad?
El mencionado autor propone, atacar esta dicultad desde sus raíces profundas,
penetrar las células mismas del imaginario social y sanearlo sustituyéndolo por el
pensamiento posabismal denido por De Sousa Santos (2010:32) como: “ruptu-
ra radical con los modos occidentales modernos de pensar y actuar”; así mismo,
éste, ha de instrumentarse a través de 4 métodos: ecología de saberes, sociología
de las ausencias, sociología de las emergencias y traducción intercultural.
Ecología de los saberes
Este constructo teórico supone que más allá del monolitismo europeo
(pensamiento abismal), el cual reduce la complejidad, la diversidad de las
experiencias de vida y saber humano; existe un universo innito de posibili-
dades en cuanto a la interpretación de la realidad y la concepción del mundo.
De este planteo general, se derivan otros presentados a continuación:
Ninguna teoría epistemológica, por muy general que sea, jamás po-
drá abarcar todas las experiencias del planeta, de allí la necesidad de
varias epistemologías, en vez de una sola; de varios saberes extraídos
de varias experiencias.
No existe uno sola ignorancia sino varias. El conocimiento de un solo
saber implica el desconocimiento de otros saberes, de otras posibili-
dades de conocimiento que pueden ser inclusive, no sólo igualmente
válidas, sino hasta más útiles a la hora de relacionarse con la realidad
pragmática. En palabras de Einstein: “Solo hay dos cosas innitas: el
universo y la estupidez humana. Y pensar que el pensamiento abis-
mal se autoproclama como el antídoto universal para la estupidez.
¡Qué gran ironía! el hecho de que los partidarios del pensamiento
abismal terminen siendo víctimas de tu propia estupidez, o como di-
ría el músico, poeta y compositor argentino: Facundo Cabral, termi-
nen siendo pendejos optimistas, que cree que no son pendejos.
La idea de ecología, hace referencia a la forma que debe asumir la convi-
vencia entre los diversos saberes. Palabras como armonía, coexistencia, coo-
peración, validación, diálogo, complementariedad, alianzas; describen los
términos de esa relación. En contraposición con palabras como: epistemici-
dio, fascismo (epistemológico, social, territorial), exclusión, invisibilización,
invalidación, las cuales ilustran las características de las relaciones de domina-
ción imperante desde la época de la Colonia.
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Sociologías de las ausencias y las emergencias
Antes de que pueda siquiera soñarse con la vinculación entre diversos saberes,
existe una conditio sine qua non, ella es: recuperar las formas de realidad y saberes
declarados como inexistentes por la ciencia moderna (sociología de las ausen-
cias). La tarea es, en primera instancia, visibilizarlas, de otro modo, no existiría
nada con lo cual pueda establecerse un diálogo. Al rescatar esas realidades anula-
das y ampliar sus sentidos, las hacemos emerger (sociología de las emergencias).
Ahora bien, una vez que se reconozca la existencia de otras formas de saberes, por
añadidura ha de aceptarse, por un lado, la complejidad que entraña la dinámica
del trato entre las distintas epistemologías; y por otro lado, la incompletud de
cada una de ellas, es decir, sus límites tanto internos como externos, no solo la
incompletud de lo que hasta ahora ha sido considerado como “único” saber.
Una vez esclarecida las reglas del juego, podría plantearse la construcción
de puentes que hagan posible el diálogo intercultural acabando así con el
monólogo del discurso occidental.
Traducción intercultural
Al asumir la existencia de diversos saberes relacionados ecológicamente,
también hay que reconocer la complejidad que ello implica. Cada saber tie-
ne su propia forma de expresión, su propio lenguaje, sus propios símbolos,
esto hace que surja la imperiosa necesidad de una traducción. No hay diálogo
intercultural posible sin traducción intercultural que devele las equivalen-
cias en los términos y sus signicados. Sin diálogo, no hay comunicación ni
entendimiento posible; de igual forma, sin comunicación no hay comple-
mentariedad verdadera sino sólo una colección de saberes aislados viviendo
realidades paralelas, como ha sido hasta los momentos (a mi juicio) a pesar
del epistemicidio mencionado por De Sousa Santos; lo cual resulta inoperan-
te ante la urgencia de transformar la civilización misma.
Expondré un ejemplo práctico de la tesis presentada en el párrafo anterior.
Si de salvar al planeta se trata (lo que se ha convertido leitmotiv de los últimos
años) valdría la pena escuchar lo que la sabiduría ancestral indígena tiene que
decir al respecto y no solo oír a los “doctores de la ignorancia, a los “expertos”,
que bastante han contribuido a depredar la tierra que pisamos. En esta escu-
cha activa quizás comprendamos y reconozcamos que la tierra no es un bien
natural que se compra y se vende, sino un ser vivo con derechos que deben
ser respetados, no únicamente porque lo dicte la razón o la conveniencia,
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sino también porque ella representa la manifestación del valor universal más
grande que existe: la vida. Nos toca conversar, cooperar o buscarnos cada uno
nuestro propio planeta a la usanza de El Principito.
Sin embargo, entre más me adentraba en el pensamiento de De Sousa
Santos, más me interpelaba: ¿serán posibles las equivalencias? ¿Será lo mismo
el concepto de propiedad para el hombre blanco, que el de la tenencia de la
tierra para el campesino o el de territorio para el indígena?, ¿Cómo ponernos
de acuerdo?, ¿Será lo mismo términos como: “conocimiento, “prueba, “ver-
dad” “justicación, “validación, para la ciencia moderna, que para teóricos
de las Epistemologías del Sur? Mientras no se desmonte la estructura rígida
de esta “vieja ciencia moderna, no creo que haya diálogo posible, pero hay
que seguir debatiendo, lo cual revela otro problema, sin la presencia de árbi-
tro entre las partes, por aquello de que la neutralidad jamás es posible, ¿cuál
será entonces el principio, el organismo o que se yo, que rija la convivencia
entre los saberes? Cuando pienso esto me río del reduccionismo y el mecani-
cismo. La libertad es una forma de existencia muy compleja.
A manera de conclusión
Resulta lógico concluir con una “ultima” interrogante: ¿cómo implemen-
tar concretamente las ideas planteadas por la tesis de la Epistemología del Sur?
Siempre me ha parecido que las utopías son bellas porque revelan el Dios que
todos llevamos dentro, sin embargo, a juzgar por el estado actual de cosas en el
mundo, si no se hace nada con ellas tan solo son un hermoso objeto decorativo
en las mentes de los intelectuales, cuya contemplación solo satisface el egocen-
trismo infantil, el narcisismo losóco del que muchos de ellos son víctimas.
Entonces, sin ánimo de ser simplista considero que, entre muchas otras cosas,
la participación es la llave que hace posible la utopía. Hay que abandonar el có-
modo papel de víctimas impotentes, creo que ese es el primer paso para hacer
la verdadera revolución. Hay que empezar a cuestionar y cuestionarse acerca
de los mensajes tácitos o explícitos sobre la supuesta inferioridad de algunos
(los del Sur) por debajo de la superioridad de otros (los del Norte), sean cuales
sean. Hay que “voltear el mapa” en la geografía de nuestras mentes, tal como
lo hace Libertad, el personaje de Mafalda, debido a que es allí donde ocurre la
más importante y primigenia emancipación: la emancipación cognitiva, esta
comienza cuando nos hacemos conscientes de que existe ese “truco psicoló-
gico” del que habla Libertad, cuando lo visibilizamos, solo hasta entonces es-
tamos en condiciones de ejercer la voluntad de pensar diferente, y en un acto
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de insubordinación, de desobediencia civil, transformarnos en rebeldes con
causa: liberación del pensamiento, de la identidad de los pueblos, defensa del
derecho a la existencia de la diversidad y la complejidad.
Para el logro de una meta tan ambiciosa, la educación (y que no suene a
cliché) parece ser la vía no sé si más rápida, pero si la más efectiva; tal y como
lo plantea Paolo Freire (2005) en su libro: La Pedagogía del Oprimido. Yo
le agrego, necesitamos una EDUCACCIÓN, si, si, no leyó mal, una EDU-
CACCIÓN, EDUCAR EN ACCIÓN, A TRAVÉS DE LA ACCIÓN,
LA ACCIÓN misma. Pido disculpas por la cacofonía y el pleonasmo.
Hay que asumir la responsabilidad que cada cual tiene en la generación del
cambio. Estoy de acuerdo con Freire, en que es necesario integrar reexión y
acción, para ello propongo la creación de una matriz de opinión, hay que opinar.
Cuando opino, estoy pensando y haciendo al mismo tiempo, por eso, TODOS
tenemos que opinar (niños en las escuelas, jóvenes de los liceos y universidades,
amas de casa, obreros, profesores y maestros, sacerdotes y laicos, organizaciones
sociales de base), todos… y de todas las formas posibles: escribiendo en colum-
nas de periódicos, publicando en la internet, utilizando inteligentemente las
redes sociales (Twiter, Faceboock, Myspace, Instangram, entre otras), porque
no, a través de manifestaciones culturales como la literatura, la música, la pintura
(una imagen vale más que mil palabras). No creo, ni pretendo aparentar, que es-
toy descubriendo el agua tibia, pero esta es mi más profunda verdad al respecto.
Movilizar la opinión pública, las masas, esto puede hacer que se logre
grandes cambios, o por lo menos, sembrar la semilla de algún cambio, que
por muy pequeño que sea, bien vale la pena.
Me uno a De Sousa Santos cuando dice que la lucha epistemológica es una
aliada por excelencia de la lucha política. Opino que el control político en una so-
ciedad democrática lo ejercemos los ciudadanos. Cuando la gente se junta y opina,
cuando levanta la voz con un lenguaje común pueden construir grandes empresas.
Todos debemos labrar nuestro espacio, no sentarnos a esperar que nos lo den.
Pero la revolución debe ser pacíca, emulando el ejemplo de grandes líderes
revolucionarios (no solo en las formas sino en los fondos) como Gandhi, por citar
un ejemplo. La lucha pacíca le quita todos los argumentos a los violentos, una
muestra de ello es la marcha de los estudiantes universitarios colombianos reali-
zada el 10 de noviembre de 2011 en contra de la reforma de la Ley 30. En vez de
tirar bombas, repartieron ores, besos, abrazos, llevaron a cabo actos culturales
a lo largo y ancho del país, la idea era hacerse notar para que sus ideas fueran
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escuchadas. ¿Sentimentalismos baratos?, no. Estrategias dignas de un auténtico
ser humano, que, para batallar, emplea armas poderosas e inteligentes: el amor y
la conciencia. Esta es la manifestación del pensamiento más elevado al que puede
aspirar un ser humano: la sabiduría, unido a la emoción más sublime: el amor.
Ganaron los estudiantes
Foto: A.P (2012)
En el escenario venezolano, estas ideas coinciden a mi juicio con el con-
cepto de Sensibilidad Radical, postulado por Rigoberto Lanz como alter-
nativa a la racionalidad dominante en la modernidad. La sensibilidad radi-
cal, parafraseando a Bracho citado en Reyes y Pérez (2014), contrapone la
racionalidad social a la racionalidad instrumental, en un lenguaje sencillo y
práctico, es más lógico intentar ponernos de acuerdo y convivir, que impo-
ner criterios en favor de los intereses de unos pocos. Esto implica trascender
cognitiva, afectiva y conductualmente el pensamiento abismal hacia el posa-
bismal, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Hay que acabar con el mito de que para hacer la revolución hay que estar
armado, arremeter salvajemente contra el otro que opina distinto, usando así,
los mismos argumentos que tan vehemente mente hemos criticado. Las nuevas
armas son las ideas, administradas y expuestas con sabiduría, de manera tal que,
sea imposible no escucharlas activamente. Se requieren cambios a corto plazo
para detener o al menos enlentecer las consecuencias del pensamiento occi-
dental (agotamiento de recursos naturales, pérdidas de vidas humanas, crisis
existenciales de sentido sobre todo en los jóvenes), la tecnología ciertamente
puede “echarnos una mano” en esto de acelerar el proceso de cambio, gracias
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a ellas, las noticias vuelan a la velocidad de la luz y esto hace que, mover a la
opinión pública (cosa que antes tardaba meses o años) sea cuestión de horas.
Quisiera terminar con un proverbio chino que me parece resume la idea
central de compromiso entrañado en el proceso de transformación social pa-
cíca. Si quiero un cambio, pues que empiece por mí.
“Si hay luz en el alma habrá belleza en la persona, si hay belleza
en la persona habrá armonía en la casa, si hay armonía en la
casa habrá orden en la nación, si hay orden en la nación habrá
paz en el mundo.
Referencias
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