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Violeta, esa manera tan tuya de vivir
Héctor, MENDOZA*
Ministerio del Poder Popular para la Cultura
Fundación Misión Cultura
hectormendoza31@yahoo.com
Resumen
En el presente ensayo, su autor aborda la memoria compartida, parte de los
recuerdos que denotan lucha y nostalgia. Violeta se inmortalizó en los caminos
sureños, la defensa de su memoria se convierte en perseverancia y resistencia ante
los pasajes turbulentos del día a día, la necesidad del reencuentro cultural está
presente, se hace parte del bagaje, voces empeñadas en revivir parte de lo que nos
hace latinoamericanos, que no permiten enmudecer el ayer, Violeta, Violeta Parra
profunda eres, inmutable como el amanecer. Su autobiografía Antídoto contra
los “molinos de viento”, sustancia transmutable del lado oscuro de la conciencia
para estar con ella, hablar con su perro, juntar noches de soledades, discutir con el
innito después de abrazar sus hijos. El ensayo es parte de una sinfonía de vida,
rinde tributo al canto y la melodía, es parte de una conjugación poética: un tributo a
la vida de la cantora del pueblo “larguirucho y nuestro” como sentenciara el cantor
venezolano Alí Primera respecto de Chile en su forma geográca y su importancia
histórica-cultural latinoamericana, Violeta Parra un amor y una razón compartida.
Palabras clave: Memoria compartida, autobiografía, identidad latinoamericana.
Violet, that way of yours
Abstract
This essay aims to be a reminder sample of shared memory, part of the memories
that denote struggle and nostalgia. Violeta immortalized herself on the southern
roads, the defense of her memory turns into struggle and resistance against the
turbulent passages of everyday life, the need for a cultural reunion is present, she
Perspectivas: Revista de Historia, Geografía, Arte y Cultura
Año 7 14 / Julio-Diciembre/ 2019, pp: 65-72.
Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt
ISSN: 2343-6271
* Educador popular, historiador, investigador. Línea de investigación descolonización cultural.
Lcdo. En Historia de la UCV, Profesor Invitado: Universidad Nacional Experimental Simón Rodrí-
guez, Tutor de la Misión Cultura. Educador popular, historiador, investigador-Línea de investiga-
ción descolonización
Recibido: Febrero de 2019
Aceptado: Marzo de 2019
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roads, the defense of her memory becomes perseverance and resistance in the
face of the turbulent passages of the day to day, the need for cultural reunion
is present, she becomes part of the baggage, voices determined to relive part
of what makes us Latin Americans, who do not allow yesterday to be silenced,
Violeta, Violeta Parra you are deep, immutable as the dawn. Her autobiography
Antidote against “windmills”, a transmutable substance from the dark side of
consciousness to be with her, talk with her dog, gather lonely nights, argue with
the innite after hugging her children. The rehearsal is part of a symphony of life,
it pays tribute to song and melody, it is part of a poetic conjugation: a tribute to
the life of the singer of the “lanky and our” people, as the Venezuelan singer Alí
Primera sentenced regarding Chile In its geographical form and its Latin American
historical-cultural importance, Violeta Parra has a shared love and reason.
Keywords: Shared memory, autobiography Latin American identity.
Introducción
“Jardinera, locera, costurera Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores”. Parra, Nicanor (1969)
Las historias sencillas cuando se han vivido con intensidad, hay que contarlas,
entonces germinan en ellas re-cardias (recuerdos) recónditas, pues regresan al corazón
llenas de deseos y memoria encendida.
Volvemos la mirada hacia el sur para encontrarte Violeta… Violeta chilena…
Chile cobre y salitre, tierra mojada de azul turquesa del Pacíco. El magma tiñe la
historia nacional llena de Lautaro, Manuel Rodríguez, Luis Emilio Recabarren y
Allende. La profusión de hondas raíces hicieron orecer tanto ocio poético: Gabriela
Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Pablo de Rokha, tu hermano Nicanor Parra
y Gonzalo Rojas.
Te encontramos con tu canto necesario de existencia e identidad con nuestro
espacio cósmico el Abya Yala, para trascender el Estar y Hacer colocaste el entusiasmo
en tu mágico Ser. Tu tórrido deseo de Ser a plenitud dejó raíces y herencias en la
revalorización de la cultura popular.
Tu arqueología del alma y espiritualidad chilena abonaron cómo oler a tierra
mojada, o cómo color a profunda planta, el ser colectivo de tu nación.
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Violeta, esa manera tan tuya de vivir
Cultivo de Violeta, vamos a la vendimia a recoger tu profundo amor.
Dulce vecina de la verde selva Huésped eterna del abril
orido Grande enemiga de la zarzamora” Parra, Nicanor
(1969)
Te haces carne, hueso, nervio y sangre un 5 de octubre de 1917, hija de campesinos
como tu padre Nicanor Parra y tu mamá Clarisa Sandoval, en el pueblo de San
Carlos de Chillán montaña arriba. Creciste entre música, mariposas, cuenta cuento,
improvisando teatro en los sótanos huertos de la casa familiar, también entre raíces,
colibríes, crisantemos, caídas de agua; pero las tormentas eran muchas. Sáez (1988):
“Éramos pobres, había que compartir la comida entre todos los hermanos y mi padre
como profesor (de música) tenía un sueldo que apenas alcanzaba para cubrir todos los
gastos… Mi madre hacía malabarismos para calmar tantas bocas hambrientas y cosía
día y noche, remendando vestidos, medias y botas”.
El fogón de los Parras – portadores de una cultura silvestre con acento en la
solidaridad, el amor al prójimo, a la vida – juntaron once hermanos: Marta y Olga,
hijas de una relación anterior de su madre, luego vendrían con su marido el señor
Nicanor Parra los hijos Nicanor, Hilda, Violeta, Eduardo, Roberto, Caupolicán, Elba,
Lautaro y Oscar.
Las muñecas de trapo recibían ofrendas en las composiciones primeras de Violeta.
En este mismo tránsito su padre bebe el último sorbo de existencia y los niños van a la
calle a favorecer el “pan nuestro de cada día”. Recuerda su hermano Eduardo que Sáez
(1988): “la Violeta siempre fue una niña muy hermanable… se le ocurrió que cantando
podíamos ganarnos la vida”.
Entre el ají y el néctar del quehacer cotidiano ésta mujer ya convertida en gitana
y trigo se estremece ante el hombre. Al obrero ferroviario Luis Cereceda le pare dos
hijos, Ángel e Isabel. Pero algunas querencias no cuajan “hasta que la muerte nos
separe”. En su “Décimas. Autobiografía en verso” dibuja con la palabra escrita la
desesperanza: Parra, Violeta:(1985):
“… me jura por el rosario Casorio y amor eterno Me lleva
muy dulce y tierno Atá con una libreta Y condeno a la Violeta
Por diez años al inerno”.
Su autobiografía Antídoto contra los “molinos de viento”, sustancia transmutable
del lado oscuro de la conciencia, para estar con ella, hablar con su perro, juntar noches
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de soledades, discutir con el innito después de abrazar sus hijos.
“Ha recorrido toda la comarca Desatando cántaro de
greda Y liberando pájaros cautivos Entre las ramas”.
Parra, Nicanor:(1969)
La vida es un espacio para tender diversos lienzos, el tapiz de la música
tiene su tiempo radial. Graba con su hermana Hilda su primer disco.
La era circular le señala ceremonias presentes. Anuncia su segundo vuelo
nupcial con otro obrero, con otro Luis de apellido Arce. Le pare dos hijas,
Carmen y Rosita, ésta última de vuelo libre hacia los angelitos tempranos.
Otro lugar donde asoma su rostro es en el Frente Nacional de Mujeres
donde brotan palabras que nombran la igualdad para todas. Los vientos
plurales soplan, al sur para lograr, al n, el voto femenino.
Partes a las comarcas de tierra de humus y lluvia, partes para que te quedes
en la historia nacional. Ve a donde tengas que ir, el cóndor andino te espera,
descubre el alma chilena – le sugiere su hermano Nicanor, ya convertido en
anti poeta –, Parra Nicanor: “yo te conozco bien / hermana vieja / norte y sur
del país atormentado”. Buscadora de pre historia, de folios memorables, de
cuentos, frases y tonada. Con un morral lleno de guitarra, lápiz, cuaderno, sin
intuición.
¿Dónde colocar lo hallado de tanta vida? Leyendas, comidas, cerámicas,
estas tradicionales, velorios de angelitos.
Vivió con la gente sencilla rearmando las letras rotas de canciones
costumbristas y uniendo pedacitos de recuerdos de aquellos cuerpos
temblorosos, pasos torpes, hermosas cabecitas blancas, manos surcadas de
tiempos. Aquella bella condición humana señalada por la ancianidad anuncia
memoria ancestral como las abuelas Mercedes Rosas y Rosa Lorca, partera de
luz, y los abuelos Isaías Angulo y Emilio Lobos, portadores de cantos épicos.
El preclaro poeta Pablo Rokha le escribe el prólogo para sus “Décimas…”:
Parra (1985): “tiene su arte aquella virtud de salud que es vital y mortal
simultáneamente de las honestas, recias, tremendas yerbas medicinales de
Chile, que aroman las colinas o las montañas y las arañan con su olor a sudor
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del mundo del futuro, o de lo remoto antiquísimo y son como tigres de mi
dialéctica, con hieno adentro, en rebelión contra el yugo”.
Ninguna expresión cultural surge sin tiempo de gestación. Así todo canto germina
de la tierra con contextuales espacios e irisados colores de orida diversidad de las
formas musicales populares. Todo discurso poético primigenio está teñido de la relación
del ser humano con la naturaleza, con mantos de primitivas magias y religiosidad.
Teñido además de relación con otros seres humanos para conformar la cosmovisión de
la sociedad compartida. En esta síntesis creadora es el fundamento de la construcción
colectiva de imaginarios y subjetividades identitarias para generalizarlo en simbolismo
cultural.
Violeta buscadora de la espiritualidad chilena en la gente sencilla de los pueblos
cultivados de memoria. Lleva en sus neuronas la ternura de los sentidos y el dolor en
el pecho de días claroscuros, por ello ha sembrado su canto con su vida y su guitarra
terciada para que el humus negro del suelo alce lo telúrico del acento étnico.
“Violeta de los Andes Flor de la cordillera de la
costa Eres un manantial inagotable De vida humana”.
Parra, Nicanor: (1969)
El barro interior de su espiritualidad adquiere las formas del fuego y la búsqueda
de remotas canciones hacen brotar otra Violeta, más cercana a la austeridad del pueblo
sencillo, más lejana a la intelectualidad academicista, está desaprendiendo. Se acerca a
las sensaciones humanas sin escrito ni contexto ni prejuicios, va germinando la Viola
chilensis.
“Canta Violeta Parra” es el sonido vegetal en Radio Chilena, el sendero de su
juventud, de su voz, es privilegiado como la “mejor folclorista” en el Teatro Municipal.
Ruta hacia la Europa de adentro, Varsovia “Festival de la Juventud”. Su ardor hace
prodigio y magia en su ya reconocimiento.
Pero la furia de los tempos acosa. La alquimia transforma su bebé Rosita – a los
nueve meses – en angelitos de ojitos callados. Invitación a la melancolía rigurosa, a la
resonancia sin tono, a la fría errancia sin sur.
Deja su sombra triste, se va a París. “Las cosas sagradas tienen que existir fuera del
poder del dinero” opina Violeta al grabar sin convertir en mercancía su canto chileno
para la Fonoteca Nacional del Museo del Hombre y para Chant du Monde. Su follaje
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austral hace eco en el festival Internacional Folclórico en La Sorbonne. Una ciudad de
niebla hiere su sensibilidad, en Londres graba para los Archivos de la BBC.
Vuelve a su hogar. La Universidad de Concepción, convertida en referente cultural,
le propone que sea el oído de los secretos códigos cotidianos, recorre los pueblos
campesinos de Bellavista Hualgui, Santa Juana, con una buena cosecha de tonadas
y cuecas como “Blanca Flor” y “Filomena”. Su determinación tiene concreción en
la creación del Museo del Folclore dependiente de la Universidad Alma Mater y
luminosidad de su cadencia.
Charanguilla gaviota de agua dulce Todos los adjetivos
se hacen pocos Todos los sustantivos se hacen pocos Para
nombrarte Poesía, Pintora, Agricultora Todo lo haces a las
mil maravillas sin el menor esfuerzo. Parra, Nicanor: (1969)
Preñada de seres virales lo grave de su cuerpo baja, el decaimiento de su salud
presente… entonces Violeta se adueña de su largo reposo y cocina otros ocios. Su
tiempo lo transforma en tapiz nombrados por ella: “La cantante calva”, Sáez (1988):
“El hombre con sombrero”, “El árbol de la vida”, “Cristo en bikini”, en donde un
pájaro le arranca el clavo de la mano derecha a Jesús de Nazaret. En su tejido “El
hombre” dice ella “es en verde porque es la esperanza, su alma es una música pero se
escapa sin cesar el pájaro”.
Con el óleo unió la tela en su visión cotidiana: nacimientos, pueblos, calles salen
de sus pinceles.
“Santa de greda pura” la llamó una vez Pablo Neruda. Teresa Vicuña, gran ceramista
chilena, le propone el horno y el barro, entonces se juntan en días de conversa y
creatividad.
La solidaridad es uno de los elementos constitutivos del alma violeta, la anima a
dar alojo y pan a los que necesitan. Víctor Jara, sangre mapuche, campesino pobre
recibe su abrigo, además, fue su madrina de canto y música.
Los volcanes interiores incendian su elevada imaginación, desea renacer. Viaja a
Argentina, Finlandia, Unión Soviética, Alemania, para volver a su París amado donde
expone sus obras en el Museo del Arte Decorativa del Louvre.
Malizia(2008), “Ella tenía que ser excepcional en todo… lo que emprendía
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tenía que ser hasta el fondo. Tenía la necesidad de vaciarse por completo. Hay que
conocerla, un poco para captar la intensidad que transmitía por cada uno de sus poros.
En todo lo que hacía le ponía una fuerte dosis de pasión y eso la hacía especial”. Así
de apasionada recibe su amor Gilbert Favré, músico, buscador de tradiciones, llegó a
Suramérica de Suiza para no irse más. Encuentros, desencuentros. Relación tórrida en
dialéctica angustia y transparente ternura.
Viola funebris Yo no sé qué decirte a esta hora La
cabeza me da vueltas y vueltas Como si hubiera tomado
cicuta Hermana mía. Parra, Nicanor: (1969)
Todo el “cosmo y sus planetas” caben en una carpa. Este nuevo ímpetu será el
centro de arte para la tradición, la artesanía y la cultura popular. Quería reunir en un as
todo lo chileno, pero se ha extraviado el texto original, pasaron los días y la “Carpa de
la Reina” quedó sola.
Otro cinco, no de nacimiento como el inicio de su vida, esta vez de febrero de
1967, Violeta decide su día fúnebre. ¿Qué cicatrices marcan el cuerpo tal decisión?
¿Voces inaudibles, gotas de lágrimas, rocío nocturno, sentidos transferidos? Es mejor
no saberlo… su herencia vive con nosotros.
“Tu corazón se abre cuando quieres Tu voluntad se
cierra cuando quieres Y tu salud navega cuando quieres
¡aguas arriba! Basta que tú la llames por su nombre
Para que los colores y las formas Se levanten y anden
como Lázaro En cuerpo y alma. Parra, Nicanor: (1969)
Violeta nos dejó una historia llena de cultivos, en días tempranos llovió con el alma
chilena, buscó en las grietas de las piedras, en los intersticios del alma el pedacito
de letra para revivirla. La palabra se levanta y se transforma en fuego sagrado para
revalorizar la cultura nacional, inicia la saga de los Parra con sus hermanos, luego sus
hijos Ángel e Isabel, vendrían más prole de la familia Parra para llenar con su arte los
pliegues geográcos.
“Gracias a la vida” es un canto universal de gratitud, sus composiciones han
sido interpretadas por Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Elise Reginas, Milton
Nacimiento, Silvio Rodríguez, Lilia Vera. Mujer de conciencia social, no es indiferente
ni está ausente de narrativa política. Apoyó al presidente Salvador allende en su
campaña de 1965.
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“La Nueva Canción Chilena” nació teñida de Violeta, testimonian de este hecho
Víctor Jara, los grupos Inti-Ilimalli, Quilapayún. Quizás haya que esperar unas horas
tempranas para que su canto renazca y contribuya a abrir, Verdugo (2003): “las grandes
alamedas por donde pase el hombre libre” como lo preguró Allende.
Referencias Bibliográcas
Parra, Nicanor (1969): “Homenaje a Violeta”. La obra gruesa. Santiago,
Universitaria, Sitio: web www.memoriachilena.gob.cl
Sáez Fernando (1988): Violeta Parra. La vida intranquila. Biografía
esencial. Santiago de Chile. Editorial Sudamérica.
Parra, Violeta (1985): Décimas. Autobiografía en verso. Buenos Aires.
Ediciones Michay.
Malizia, Diana (2008): Violeta Parra mujer de cuerpo entero. Buenos
Aires, Capital Intelectual, 2008.
Verdugo, Patricia (2003): Salvador Allende. Como la Casa Blanca
provocó su muerte. Buenos Aires. El Ateneo.